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Qué
passa con el cos avui?
( ¿qué
pasa con el cuerpo hoy?) |
preludios, ponencias e intervenciones
en las mesas de la jornada
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JORNADA
ACCEP 2008 |
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El
cuerpo y sus ficciones en la contemporaneidad
7
de junio
2008

Nunca hasta ahora el cuerpo había tenido tanta incidencia en nuestras
vidas. El cuerpo ha ido acaparando protagonismo en las relaciones humanas
, en la subjetividad actual, emergiendo como un valor añadido,
necesario para dar cuenta de nuestra identidad.
En una sociedad como la actual en la que la identidad personal es frágil
debido a los cambios de valores, de ideales y de referencias que marcan
nuestras vidas, el culto al cuerpo, a su imágen, a su cuidado
, han venido a suplir estas carencias, confundiéndose a menudo
el cuerpo con el ser.
Hoy nuestras consultas están a veces más ocupadas por el
cuerpo que por la palabra. Los antiguos síntomas conversivos,
metáforas de un significado reprimido se han convertido en somatizaciones,
mucho más difíciles de movilizar y de conectar con la subjetividad.
La angustia, la anorexia, la depresión, el dolor crónico,
el cuerpo modelado por el deporte y la cirugía sustituyen a la
palabra.
En esta coyuntura, estas Jornadas se proponen analizar esta realidad
desde el psicoanálisis y desde diferentes disciplinas como la
medicina, el arte, la antropología, la sociología y la
filosofía.
¿Cómo se vive el cuerpo hoy? ¿Cómo se muestra la
subjetividad humana en los síntomas, en la marcas del cuerpo? ¿Qué nos
puede enseñar el cuerpo a los psicoanalistas? ¿Por qué el
cuerpo se ha convertido en uno de los modos preeminentes de representarse el
ser? son las preguntas que constituirán los ejes de nuestro trabajo, repartidas
en las diferentes mesas que aparecen a continuación
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preludios,
ponencias e intervenciones |
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> Preludios a la Jornada de ACCEP sobre "El
cuerpo y sus ficciones en la contemporaneidad".
>1 - Recopilación
de algunas citas sobre “El cuerpo”. Manuel
Baldiz
>2 - El cuerpo cambia. Clotilde Pascual
>3 - El cuerpo. Rosa Roca
>4 - Los psicoanalistas pueden ser ciegos, pero nunca sordos. Carmen
Lafuente
>5 - "El cuerpo ausente" en su omniprescencia. José Monseny
> Obertura
>El cuerpo
y sus ficciones en la contemporaneidad.
Clotilde Pascual
> Mesa
I - El inconsciente y
el cuerpo. Del cuerpo hablado a las marcas en el cuerpo.
Del
cuerpo subjetivado al cuerpo disipado por la ciencia. José Monseny
>El
tatuaje como fenómeno contemporáneo.
Melissa Oberto
> Mesa II - El cuerpo en relación a
la angustia, la depresión y el dolor crónico
y a las incertidumbres de la vida moderna.
>Anorexia: patología
o santidad. Daniela Aparicio
>Clínica psicoanalítica
del cuerpo. Carmen Lafuente
> Mesa III - El
cuerpo y la imagen. Los cambios en la concepción estética
actual y su incidencia en nuestras vidas.
>Algunas reflexiones
sobre la transexualidad. Manuel Baldiz
>¿Por qué fascina
tanto el cuerpo? Pilar Dasi
> Mesa IV - El tratamiento del cuerpo
en la sociedades multiculturales
>El
cuerpo es la historia. Vicente
Mira
>Algunas preguntas a la
clínica psicoanalítica desde la
sociología de la imagen del cuerpo. Helios
Prieto
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comisiones |
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Comisión Científica
Manuel Baldiz
Carmen Lafuente
Jose Monseny
Clotilde Pascual
Mª Rosa Roca
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Comisión Técnica
Xavier Campamà
Carmen Lafuente
Ramon Miralpeix
Rut Sonnabend |
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Caixa
Fòrum
Centre Social i Cultural de l’Obra
Social de “La Caixa”
Av. Marqués de Comillas 6-8, Barcelona
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PRELUDIOS |
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1
- Recopilación
de algunas citas
sobre “El
cuerpo”
Manuel
Baldiz Mi cuerpo
es aquella parte del mundo que mis pensamientos pueden transformar.
Hasta enfermedades imaginarias pueden volverse reales. En el
resto del mundo, mis hipótesis
no pueden perturbar el orden de las cosas.
Georg Christoph Lichtenberg (científico y escritor,
siglo XVIII)
El yo es sobre todo una esencia-cuerpo;
no es sólo
una esencia-superficie, sino, él mismo, la proyección
de una superficie.
Sigmund Freud (padre del psicoanálisis)
Mi cuerpo es
a la vez objeto para los demás y sujeto
para mí.
Maurice Merleau-Ponty (filósofo)
El cuerpo se ofrece
como una totalidad plenaria, igualmente a la vista e igualmente
intocable: el cuerpo es siempre un más allá del cuerpo. Al palparlo, se reparte
(como un texto) en porciones que son sensaciones instantáneas.
Octavio Paz (escritor)
La iglesia dice: El cuerpo es un pecado.
La ciencia dice: El cuerpo es una máquina.
La publicidad dice: El cuerpo es un negocio.
El cuerpo dice: Yo soy una fiesta.
Eduardo Galeano (escritor)
La cultura está hecha, ante todo, de nuestro cuerpo,
de nuestros cuerpos sacrificados, rechazados, trabados, de
nuestros cuerpos soñadores, sensuales.
Carlos Fuentes (escritor)
Un cuerpo es una diferencia. Como
es diferencia de todos los otros cuerpos –mientras que los espíritus
son idénticos- nunca termina de diferir. También
difiere de sí. ¿Cómo pensar cerca el
uno del otro al bebé y al anciano?.
Jean-Luc Nancy (filósofo)
El cuerpo es algo que debería causar pasmo. De hecho,
deja pasmada a la ciencia clásica: ¿cómo
puede funcionar así?.
Jacques Lacan (psicoanalista)
Tu cuerpo es un campo de batalla.
Barbara Kruger (artista contemporánea)
¿Qué pensarán los arqueólogos
del 3001 cuando descubran nuestras partes íntimas
tatuadas, decoradas con dibujos de extraterrestres biomecánicos? ¿Pensarán
que éramos mitad máquinas? ¿O quizá que
las venerábamos?.
Editorial anónimo de la revista “Tatoo Flash”
2
- El
cuerpo cambia
Clotilde
Pascual
Tenemos un cuerpo que no cesa de cambiar.
Un cuerpo que en medio de momentos de agrado no deja de darnos
en otras ocasiones ciertos disgustos o momentos de infortunio.
En
estos cambios la biología y su tiempo cronológico
determinan las modificaciones que el cuerpo sufrirá a
lo largo de su existencia.
Estos cambios que pueden ser imperceptibles
en la vida cotidiana, toman de vez en cuando una importancia
capital para el sujeto: de repente se da cuenta que su
cuerpo sufre transformaciones.
Ciertos momentos de la vida se
convierten en cruciales. Se trata de momentos de pasaje de
una etapa a otra: el bebe pasa a niño, después viene la adolescencia,
la maternidad, la menopausia o el anuncio de la llamada tercera
o cuarta edad, manera de nombrar la etapa en que se acerca
la muerte. Cada una de estas etapas exige para el sujeto
una modificación libidinal, podemos decir una forma
distinta de acercarse al goce. Y en esos momentos, el cuerpo
se convierte en un enigma del que cada uno debe poder volver
a apropiarse simbólicamente. Así el cuerpo
no deja de dar trabajo por lo real de sus cambios.
El cuerpo
se modifica también con las enfermedades,
las operaciones quirúrgicas o los accidentes. Todos
estos sucesos dejan secuelas que pueden ser definitivas y
que producen en ocasiones un despertar del sujeto. De esta
forma toma conciencia de su cuerpo y de la líbido
o de su goce en juego, o en relación a su responsabilidad
en todo ello.
Pero, evidentemente lo que nos importa señalar desde
el psicoanálisis es que el cuerpo no es sólo
biología ni mecánica, por más que cada
vez con los avances de la ciencia ( con el ejemplo de las
prótesis etc), el cuerpo pueda mecanizarse al máximo.
En el cuerpo es necesaria siempre la operación del
lenguaje sobre la biología o la mecánica para
que el cuerpo se constituya como tal cuerpo con sus registros
de lo imaginario, simbólico y real, ya que a lo real
del organismo, de la materia, se añaden siempre lo
imaginario de la forma y las marcas del simbólico.
Freud
hablaba de zonas erógenas para tratar de este
apropiarse del cuerpo de una forma libidinal por parte del
sujeto y Lacan llega a decir en su texto Función y
Campo de la palabra y del lenguaje, que el lenguaje es “cuerpo
sutil pero cuerpo al fin y al cabo” y que “las
palabras están en todas las imágenes corporales
que fascinan al sujeto. De esta forma las palabras pueden
embarazar a la histérica, identificarse al objeto
de la envidia de pene, representar el flujo de orina de la
ambición uretral, o el excremento retenido del goce
de la avaricia”. Así, es este el cuerpo que
interesa al psicoanálisis. El organismo, que habitualmente
se llama cuerpo, es el Otro como lugar de la palabra que
se lo ha dado al sujeto y es por ese Otro que de organismo
podrá pasar a cuerpo habitado por el lenguaje, y sensible
a los efectos de la palabra sobre él.
Que el cuerpo esté marcado por las palabras, puede
demostrarse en todas las estructuras clínicas. En
las neurosis se demuestra ya sea protegiéndose de
las palabras en la fobia, produciendo rituales en el obsesivo
y siendo una metáfora a descifrar como un jeroglífico
en la histeria. Esta forma de mostrarse organiza lo que Lacan
denomina el síntoma como suceso del cuerpo.
Pero también en las psicosis existe una relación
del sujeto a su cuerpo. Es una relación particular
en que el significante queda prendido de lo real sin pasar
a discurso. De esta manera ya Freud hablaba para la esquizofrenia
de lenguaje de órgano, y Lacan retomó esta
cuestión hablando del cuerpo dejado caer del psicótico
en los fenómenos elementales. La clínica nos
muestra que esta forma de no metaforización del lenguaje
produce desde las auto-mutilaciones del autista o del esquizofrénico
hasta el cuerpo invadido por el goce del Otro en la paranoia.
En el lado opuesto podemos pensar en la melancolía
donde el cuerpo se presenta como muerto yendo hasta el delirio
de la no existencia de los órganos. Por otra parte
en la manía se puede ver el goce no marcado por la
regulación fálica que produce como efecto una
euforia o hiperactividad que en ocasiones llama dramáticamente
a un límite del Otro.
En esta Jornada tendremos ocasión de explorar estos
fenómenos para mostrar los efectos de la palabra en
el cuerpo, traducidos en síntomas, y que una vez descifrados
pueden a su vez producir sus efectos a nivel del inconsciente
y de la vida del sujeto.
3
- El cuerpo
Rosa Roca
Si podemos preguntarnos ¿Qué pasa en el cuerpo
hoy? es porque hablamos del cuerpo afectado por el discurso
y no del cuerpo como unidad orgánica. Hablamos de
un cuerpo sintomático que supone una sustancia de
goce que es susceptible de inscribir, de guardar en su memoria,
marcas de las experiencias de goce.
El cuerpo síntomatico es producto del discurso pero
también efecto del inconsciente propio de cada uno,
inconsciente que diferencia el cuerpo particular del standarizado
por el discurso. El cuerpo standarizado por el discurso y
el cuerpo particular de un sujeto son relativos el uno al
otro porque los síntomas productos del inconsciente
son relativos al estado de discurso. Los síntomas
evolucionan en el tiempo, evolucionan en el tiempo porque
los canales del goce se modifican. En consecuencia no hay
manera de responder al síntoma singular si no se conoce
el síntoma de la época.
En el seminario Encore
trabajado este año en ACCEP,
Lacan nos dice que no solo el cuerpo del sujeto está afectado
de inconsciente, sino también que el inconsciente
está afectado de cuerpo ya que el inconsciente es
el resultado del emparejamiento de lalengua con el cuerpo
como sustancia de goce. Dicha sustancia, susceptible de ser
marcada por los significantes de lalengua, permite al significante
que en lalengua es solo pura diferencia, pasar a ser signo,
es decir, ser aquello que representa a un sujeto para otro
significante, de tal manera que la marca del significante
en el cuerpo es signo de un sujeto. El significante afecta
el cuerpo al que marca y representa al sujeto.
No confundimos
cuerpo con sujeto, el sujeto transciende al cuerpo. El sujeto
tiene un cuerpo pero no lo es , usufructúa
un cuerpo, es decir, puede gozar de él pero hasta
cierto punto, hay límites para el goce del cuerpo,
los que vienen del propio sujeto y los que vienen del discurso
que ponen de manifiesto que la nuda propiedad del cuerpo
no le pertenece al sujeto.
Lacan nos dice que “tener
un cuerpo es poder hacer algo con él” ,
es decir, servirse de él, esto tiene como consecuencia que aquel que
no puede hacer algo con el cuerpo, no lo tiene, como, en ocasiones, muestra
la clínica de la psicosis. El cuerpo no viene dado por la naturaleza,
es un atributo del lenguaje que puede transformar un organismo en cuerpo. Poder
hacer algo con el cuerpo es poder anudar en un triple registro lo real del
goce del cuerpo y su imagen con el Otro de lo simbólico.
4
- Los psicoanalistas pueden ser ciegos,
pero nunca sordos
Carmen
Lafuente
El
cuerpo siempre ha tenido un lugar preeminente en el psicoanálisis.
Ya desde sus inicios Freud se encontró con las primeras
histéricas , unas mujeres que le hablaban de sus síntomas
conversivos en el cuerpo , que Freud interpretó como
metáforas de un significado reprimido que remitía
a la sexualidad.
El psicoanálisis no puede prescindir del cuerpo ya
sea del cuerpo del analizante como del cuerpo del analista,
ya que ambos están presentes en la sesión analítica.
Sabemos que el propio Freud dijo que no se podía analizar
en ausencia o en esfinge.
Pero nunca como ahora en cuerpo había tenido tanta
incidencia en nuestras vidas, acaparando protagonismo en
las relaciones humanas, en la subjetividad actual , apareciendo
como un valor añadido necesario para dar cuenta de
nuestra identidad
En una sociedad como la actual en la que la
identidad personal es frágil a causa de los cambios de valores, ideales
y de referencias que enmarquen nuestras vidas, el culto al
cuerpo, a su imagen, a su cuidado, han llegado a suplir estas
carencias, confundiéndose a menudo el cuerpo con el
ser.
Estos cambios han introducido también modificaciones
en la manera de presentación de los síntomas
. Así los antiguos síntomas conversivos, metáforas
de un significado reprimido se han convertido en somatizaciones
mucho más difíciles de movilizar y de conectar
con la subjetividad. La angustia muda enclavada en el cuerpo,
los cuerpos anoréxicos o atravesados por el dolor
crónico, el cuerpo modelado por el deporte, la dieta
y la cirugía sustituyen a la palabra.
Aunque los psicoanalistas
tenemos que aceptar esta realidad nueva del papel preponderante
del cuerpo en nuestros días,
una afirmación de Lacan, en el Seminario “El
Sinthome” me ha sorprendido. Adelantándose a
los tiempos actuales, advierte que el cuerpo tiene un poder
tan cautivante que hasta cierto punto habría que
envidiar a los ciegos.
El psicoanalista pues, ha ser ciego
a veces y no dejarse atrapar por la imagen del cuerpo doliente
de la anoréxica
, del cuerpo sano del obsesivo o del cuerpo perfecto de la
histeria, sabiendo como sabe del goce que oculta . Pero nunca
el analista podrá ser sordo ya que tiene el deber ético
de hacer hablar al cuerpo, y de escucharlo sin dejarse atrapar
por la imagen que proyecta.
5
- "El cuerpo ausente" en su omniprescencia
José Monseny
Cada día hay más personas
que perciben que en nuestra cultura el cuidado del cuerpo es
una de las ocupaciones sociales preferentes, ya sea medicalmente,
estéticamente,
bajo prácticas terapéuticas llamadas de “abordaje
corporal” e incluso bajo modalidades en que las fronteras
entre estos distintos abordajes se “borran”.
Todo
ello hace que el cuidado corporal se constituya en un factor
económico de primer orden, en este aspecto
el gasto sanitario cada día es mayor y el uso de los
cuidados estéticos cada día más sofisticado
y costoso, pues la lucha contra los efectos de la edad exige
recursos más elaborados, por ahí entra en el
discurso capitalisra de pleno. La ciencia tiene un papel
fundamental en esta espiral de costos para los cuidados,
aportando cada día nuevas técnicas y posibilidades
que a su vez cada día son más costosas.
Todo ello está empezando a hacer vislumbrar para algunos
cientificos, filósofos y sociólogos la posibilidad
de que el ser humano llegue a desterrar la muerte y las enfermedades,
para ello han de contribuir según estos “visionarios” la
genética por un lado y la cibernética por el
otro. Llevando al ser humano hacia una nueva realidad que
no desdeñan en llamar post-humana. Esta idea de “lo
terapéutico” se diferencia de la terapia concebida
como un proceso para llevar al individuo a un estado de equilibrio
supuestamente anterior, como la definía Lacan. Las
intervenciones sobre el cuerpo apuntan hoy en día
a realizar el advenimiento de algo nuevo, se llame cyborg,
se llamé un humano conductual, o instintual o sea
etológico, como los babuinos del zoo de Vincennes,
a los que aludía Lacan en el Seminario “Las
formaciones del inconsciente”, al remarcar el sueño
de borrar la diferencia entre hombres y simios.
Estas propuestas suponen una aspiración de borrar
la esencia de la existencia humana, mortal, deseante, angustiada
a menudo por el sentido de la vida y problemática
en la realización del amor y el deseo, en una palabra
implican suturar la división entre consciente e inconsciente
y hacer desaparecer el cuerpo en su condición erógena
de cuerpo pulsional al reducirlo a “cuerpo reducido
a meros instintos”.
Esa supuesta superación de la condición humana,
reduciendo nuestros cuerpos a meros organismos o a máquinas
suponen asimismo la abolición de la libertad, la responsabilidad
y la aventura de vivir, a lo que el psicoanálisis
convoca a cada humano cuando se le plantea su malestar.
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Obertura |
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El
cuerpo y sus ficciones en
la
contemporaneidad.
¿Qué pasa con el cuerpo hoy?.
Clotilde
Pascual
Antes
de pasar al tema de la Jornada, quiero enmarcarla en el contexto
de ACCEP. Esta Asociación (Associació Catalana
per a la Clínica i l´Ensenyament de la Psicoanálisis)
es la que recoge y prosigue la tarea iniciada el curso 98-99
por el Col.legi Psicoanalitic de Catalunya. Celebraremos así,
muy pronto, en Septiembre próximo los diez años
de su existencia. Sus objetivos son: la transmisión,
la enseñanza y la investigación de la clínica
psicoanalítica, fundamentalmente siguiendo las enseñanzas
de S. Freud y J. Lacan.
ACCEP se inscribe como institución dentro del marco
internacional de las Formaciones Clínicas del Campo
Lacaniano y más particularmente entre el colectivo de
Formaciones Clínicas en España que están
constituidas por el Colegio Clínico de Madrid, las Formaciones
Clínicas de Valencia, las de Galicia, Pais Vasco, Asturias
y Tarragona, que tienen todas ellas como objetivo las mismas
finalidades enunciadas para ACCEP, esto es llevar a cabo actividades
de formación en psicoanálisis. Es por ello que
hoy nos reunimos en esta Jornada.
Por otra parte, quiero agradecer muy especialmente la colaboración
del Centro Social y Cultural de la Obra Social “la Caixa” al
cedernos esta sala en un lugar magnifico del que además,
pueden disfrutar de las exposiciones que tienen lugar en este
momento en el Caixa Forum.
También quiero hacer llegar nuestro agradecimiento
a los auspicios dados por la AePCL, la Asociación española
de Psicoanálisis del Campo Lacaniano, y especialmente
a los colegas que forman parte de esta Asociación y
que van a participar con sus trabajos, así como los
que se han trasladado para asistir a estas Jornadas.
Por último dar las gracias a la persona que ha realizado
el cartel de la Jornada, Juan Luis Moraza, y a los colegas
de las Comisiones Científica y Organizadora que han
trabajado para que se hagan posibles estas Jornadas. En fin,
el agradecimiento a todos los que exponen sus trabajos y a
los que participan con su asistencia.
Para introducir el tema de la Jornada de hoy, lo primero
será interrogarnos
por el estatuto del cuerpo en el psicoanálisis que sabemos
que está estrechamente articulado al inconsciente
y a la sexualidad.
¿Qué es el cuerpo para el psicoanálisis?
Sabemos que no es de la medicina ni el de la ciencia ni el
de la tecnología, con sus órganos y funciones.
En el psicoanálisis se trata de un cuerpo simbólico
habitado por el lenguaje y de esta manera se puede decir que
el cuerpo no está dado de entrada en un ser humano.
Lo que si está dado de entrada es un organismo y el
sujeto debe poder hacérselo suyo por medio del lenguaje,
de la imagen y de la relación al Otro de la palabra,
a ese primer Otro donador de significantes, de palabras, y
no sólo donador de cuidados, que permitirá que
el organismo se convierta en cuerpo.
Ahora bien, ¿cómo se pasa de organismo a cuerpo?, ¿cómo
el ser humano se lo apropia y hace de este cuerpo una unidad
y un lugar erógeno?
Para contestar a estas preguntas, pensemos que venimos al
mundo con un organismo que depende de otro, del Otro de las
necesidades y también del Otro de la Demanda de amor
(el que da lo que no tiene) según la expresión
de Lacan, del amor como don simbólico de lo que no se
tiene. Es de la mediación de este Otro con su palabra
que se va a constituir el cuerpo. Es suficiente con ver al
niño que nace y compararlo con cualquier pequeño
animal para ver que depende del todo de otra persona. Sus necesidades
deben ser cubiertas y en todo momento pide que se le satisfaga.
Será por las tentativas de interpretación de
sus llamadas (llanto, etc.) que efectúa el Otro materno
o su sustituto que este “infans” (expresión
también de Lacan que hace referencia al niño
antes de su acceso al lenguaje) se sitúa en otro tipo
de dependencia que será la del lenguaje. Y este Otro
se convierte así en un Otro simbólico. Es importante
observar que la demanda a este Otro simbólico circunscribe
ya una serie de lugares corporales que son investidos de una
carga erótica (las llamadas zonas erógenas).
Así el organismo se convierte en cuerpo simbólico
por el intercambio entre el sujeto y el Otro que no se limita
al tocar o a las sensaciones sino que abarca el intercambio
de palabras o de significantes.
Lacan es firme en esto a través de su enseñanza:
No se nace con un cuerpo sino con un organismo no acabado y
cuya construcción final será la consecuencia
de este intercambio por medio del lenguaje y de la imagen.
En este sentido podemos leer en la Conferencia dada por Lacan
en Ginebra sobre el síntoma en 1975 lo siguiente: “El
hombre está capturado por la imagen de su cuerpo y este
cuerpo adquiere su peso por la vía de la mirada”.
También nos dice que el ser humano piensa con sus palabras
y es el encuentro entre esas palabras y su cuerpo donde algo
se esboza.
Podemos decir que ese algo que se esboza en ese encuentro
entre palabras y cuerpo tiene que ver con la elección
de goce sexual y por tanto con la estructura clínica.
Este encuentro dará asimismo al neurótico las
coordenadas para que se pueda preguntar a través de
la demanda y el deseo del Otro por su propio deseo Inconsciente.
Es a través de la pregunta por lo que quiere el Otro
que le puede volver como respuesta la angustia por ese enigma
o el síntoma en las distintas modalidades, como veremos
en las diferentes ponencias.
Podemos dar una vuelta más al tema diciendo que los
síntomas tienen todos ellos un sentido y que sólo
se interpretan correctamente en función de las primeras
experiencias sexuales del sujeto, es decir en la medida que
pueda encontrar la realidad sexual de su experiencia, sus primeros
encuentros con un goce sexual. Y esta realidad sexual, tanto
Freud como Lacan, nos dicen que el sujeto la encuentra en su
propio cuerpo. Nos describe en diversos casos clínicos
como en el encuentro con los primeros goces sexuales un sujeto
puede rechazarlos y producir un síntoma como expresión
de este rechazo.
Un recorrido muy diferente es cuando no hay intercambio por
medio del significante entre el sujeto y el Otro, y este Otro
queda fijado a un Otro de la necesidad y no de la demanda.
Esto da lugar a un sujeto en donde el Otro no es un lugar simbólico
sino que permanece como deposito de significantes en lo real
sin las leyes del lenguaje: metáfora y metonimia, dando
lugar a una estructura psicótica, con sus diversas suplencias.
Mención aparte tienen los fenómenos psicosomáticos,
llamados así fenómenos y no síntomas porque
no tienen la estructura de mensaje simbólico que lo
articularía al Otro. Se trata de un goce fuera de lo
simbólico, pero no fuera del cuerpo y el deseo del sujeto
queda en espera de poder emerger, está como congelado
según expresión de Lacan en su Seminario Los
cuatro conceptos, debe poder pasar de los significantes que
le vienen del Otro a los suyos propios. Dicho con sus palabras: “Es
cuando una necesidad llega a estar involucrada en la función
del deseo cuando puede concebirse lo psicosomático”.
También sabemos que los FPS pueden aparecer en neurosis
y psicosis aunque en este último
caso no diríamos que interviene el deseo.
En resumen, podemos decir que el lenguaje nos ofrece un cuerpo
pero también lo puede trastocar, alterarlo en sus funciones,
interferir el funcionamiento del organismo, o tener repercusiones
en relación a la forma de expresión de su sexualidad.
Y ello porque la estructura del lenguaje que atraviesa el cuerpo
implica siempre una falta o una inconsistencia, y el sujeto
al incorporar dicha estructura incorpora las fallas de este
lenguaje.
El sujeto se pregunta: El otro me dice esto, pero, que me
quiere decir? ¿Cuál es su deseo? Por esta pregunta
puede subjetivar una pérdida, para empezar la pérdida
de un Otro que no es absoluto, que se equivoca o que miente.
Esta subjetivación de la pérdida es el paso necesario
para realizarse en tanto sujeto y ser sexuado y al mismo tiempo,
en la dificultad de esta subjetivación, de la que nuestra
sociedad actual da numerosas muestras, se van a situar los
distintos síntomas y marcas del cuerpo.
Por otra parte, el cuerpo no deja de dar trabajo por lo real
de sus cambios: momentos de pasaje de una etapa a otra, la
infancia, la adolescencia, la maternidad, la menopausia o el
anuncio de la vejez con la etapa en que se acerca la muerte.
Cada uno de estos pasajes va a exigir para el sujeto una modificación
libidinal, una forma distinta de acercarse a su cuerpo, de
apropiarselo de nuevo simbólicamente. Y ello sin duda
tendrá sus repercusiones en el sujeto: angustia, depresión,
dolor de existir.
El cuerpo se modifica también por las enfermedades,
las operaciones quirúrgicas o lo accidentes. Todos estos
sucesos por sus efectos, producen que se tenga que tomar conciencia
del cuerpo y del goce en juego o en ocasiones de la responsabilidad
del propio sujeto por sus decisiones.
Pero, evidentemente, desde el psicoanálisis lo que
importa señalar es que el cuerpo no sólo es biología
ni mecánica, por más que cada vez con los avances
de la ciencia (con el ejemplo de las prótesis etc.)
el cuerpo pueda mecanizarse al máximo. Será siempre
necesaria la operación del lenguaje sobre el cuerpo
para que al registro de lo real del organismo, o sea de la
materia, se añada lo imaginario de la forma y las marcas
de lo simbólico.
Creo que las exposiciones que van a escuchar darán
cuenta de una forma u otra de esta breve introducción,
así como de la manera en que el psicoanálisis
y otras disciplinas como el arte, la antropología, la
filosofía, la sociología, o la medicina, pueden
atender a todas estas cuestiones.
Doy paso a los trabajos que se van a presentar y para empezar
a la primera mesa de trabajo. Buena Jornada a todos.
Barcelona, 7 de Junio del 2008.
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Mesa
I - El cuerpo en relación a la angustia, la depresión
y el dolor crónico y a las incertidumbres de la vida
moderna. |
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El
tatuaje como fenómeno contemporáneo
Melissa
Oberto
El deseo humano puede ser definido
como anhelo, avidez, tendencia hacia un objeto cuyo poder de
atracción es captado por el alma. El síntoma, en
tanto manifestación verbal o física que da cuenta
de algo que sucede al individuo, es una demostración clara
de cómo el deseo más inconciente intenta realizarse,
y su paradoja es que allí, donde duele, es donde satisface
al sujeto. La necesidad, a diferencia del deseo, queda inmediatamente
satisfecha con aquello que demanda y por tanto no deja huella;
carece de sentido, no designa al sujeto en tanto ser o tener,
ni la atraviesa el lenguaje. Se puede decir que la necesidad
pertenece al orden de lo orgánico y el deseo pertenece
al orden del cuerpo.
Asistimos a una época en la que nos bombardean los mensajes
audiovisuales e impera el Branding, práctica publicitaria
de posicionar el nombre de una marca por encima del producto
que designa. Así, el sujeto actual es compelido a comprar
determinada cosa, ya no por las características o propiedades
de la misma, como anteriormente lo incitaba la publicidad, sino
por el nombre con el que se la ha dado a conocer y se la comercializa.
Cuando compramos un móvil, por ejemplo, no sólo
adquirimos el objeto que nos servirá para realizar llamadas,
sino que nos comprometemos a formar parte de la identidad corporativa
de una marca, que a partir de ese momento ha adquirido el derecho
de bombardearte con sus planes de marketing, hasta que decidas
cambiarte a otra compañía que volverá a
hacer lo mismo. Hemos intentado remediar una necesidad cuya satisfacción
nos ha dejado huella.
Hasta hace algunos años, los mensajes publicitarios basaban
su efectividad en hacer creer al consumidor potencial que carecía
de algo, que sólo podía quedar satisfecho al adquirir
el producto anunciado. Hoy en día, no prevalece el deseo
de adquirir eso que supuestamente querríamos tener, sino
que te venden un nombre plenamente identificado a determinado
valor. El nombre se ha impuesto al objeto y estamos constantemente
afectados por ese marcaje. Hemos dejado de desear para gozar
de aquello que se compra y se desecha. Hemos perdido el norte
que en épocas antiguas conducían el anhelo humano
hacia valores superiores, motivados por encontrar aquel objeto
fantasmático que algún día nos completó y
que por alguna razón, registrada inconscientemente como
culposa, lo perdimos.
Para Freud la cultura se ha creado
en función de obedecer
las necesidades vitales en detrimento del instinto, esquema que
repite cada individuo que entra en la sociedad humana, o lo que
Lacan llamó más tarde, la entrada en el lenguaje.
Según lo ha postulado el psicoanálisis, la civilización
considera peligroso liberar los instintos sexuales y su retorno
a sus fines primitivos, por lo que ha de sublimarlos; operación
que ha permitido, no obstante, el nacimiento de las más
altas creaciones artísticas y culturales del ser humano.
Para
demarcar los límites dentro de los que nos moveremos
al abordar el tema del tatuaje como fenómeno contemporáneo,
conviene ahora establecer una distinción entre los conceptos
fenómeno psíquico y fenómeno social.
Freud enunció que fenómeno psíquico es
todo aquello observable en la vida anímica del sujeto.
Señaló además que los procesos psíquicos
son en sí mismos inconscientes, y los procesos concientes
actos aislados o fracciones de la vida anímica total
(1).
El fenómeno social entonces sería todo aquello
observable en la vida social del sujeto, en tanto su conducta
individual afecta al entorno. La actual y evidente masificación
de la práctica del tatuaje sin distinción de culturas,
razas, edades, sexo, guetos, idiomas, estatus socioculturales,
económicos o geográficos, es realmente fenomenológica.
Para
el psicoanálisis, el cuerpo es una construcción
simbólica, que no necesariamente coincide con la imagen
real que el sujeto obtiene de sí mismo ante el espejo.
Desde un punto de vista subjetivo, el que nos atañe, el
cuerpo es el lugar donde habita el ser y en el que suceden cosas
al sujeto, captadas consciente o inconscientemente, generando
una carga libidinal que al ser reprimida acarreará una
tensión del orden sexual.
Con el propósito de acercarme al tema desde la subjetividad
del individuo, entrevisté a varias personas de mi entorno
que están tatuados desde hace varios años.
Inicialmente
me llamó poderosamente la atención
que a todos mis entrevistados les gustaba mucho hablar de sus
tatuajes, pero difícilmente lograban precisar con palabras
el porqué de su elección. Al no responder concretamente
por qué se ha tatuado, el sujeto parece dar cuenta de
su escisión entre consciente e inconsciente, y de aquello
que nunca sabrá sobre sí mismo. Recibí respuestas
tan ambiguas como: “Me gustaba mucho la idea”; “Lo
venía pensando desde hacía tiempo”; “Es
algo que siempre quise hacer”. Sin embargo, la conversación
prolongada dio para más.
Mi primera entrevistada, llamémosla B, supo decir algo
concreto sobre lo que significa su tatuaje: “Es una muñeca
africana que representa fertilidad. Me la hice porque espero
tener fertilidad a pesar de algunas locuras que he hecho”.
B llama muñeca a la imagen de una diosa venerada por los
africanos, tatuada precisamente en su muñeca derecha.
Obviamente, se revela el deseo de tener en su mano un poder sobrenatural
para contrarrestar las pérdidas que pudieran haber ocasionado
sus errores del pasado. Tendríamos que indagar más
para conocer por qué ha recurrido a la superstición
como mecanismo de defensa, y si hay un deseo inconciente, en
ultima instancia, de tener una especie de poder creador para
hacer y deshacer sin culpa ni castigo.
¿Es acaso el tatuaje un síntoma? ¿Una
pregunta que se inscribe en la piel para intentar revelar
algo del ser inconsciente?
Según decía Aristóteles, la naturaleza
no deja lugar en blanco y evoluciona para comerse el vacío.
Se puede pensar el tatuaje como aquel objeto que se coloca en
el lugar de la falta, o como aquel lugar que por exceso de sentido,
necesita matarse y en su lugar dejar la huella de una herida
que no desaparecerá, ni aún después de
sanar. En cualquiera de las dos posibles vertientes, queda
claro que algo de la cadena significante ha fallado por defecto
o por exceso.
Sara, una chica de 21 años que trabaja como administrativa
de un estudio de tatuajes me comentó: “El primer
tatuaje me lo hice para enfadar a mi padre. Tenía 14 años,
me lo hice aquí en la pantorrilla. Pero es horrible, si
podía me lo tapaba”. Ella quería consternar
a un padre que describió paciente y bondadoso: “Todo
me decía que estaba bien”. Años más
tarde, aquel tatuaje que quiso despertar la rabia del padre,
acaba por constituirse en algo horrible que le gustaría
borrar. Sin embargo, se siente orgullosa del resto de sus tatuajes: “Yo
es que soy exagerada para todo. Me gusta estar tatuada y enseñar
mis tatuajes. Es mi vida entera, yo si no tuviera todo esto no
sería yo”. Sara es pequeña de estatura y
de complexión fina, y en contraposición sus tatuajes
son enormes, se esparcen por sus dos brazos, la mano, el cuello,
el hombro y la cadera. Además de tatuajes lleva varios
piercings y una dilatación en las orejas. “Hace
tiempo que me quité los piercings de la cara”, remató.
En
el estudio donde trabaja Sara, conversé con uno de
los tatuadores durante una sesión en la que tatuaba flores
a una chica.
“Cuando yo era niño quería ser pintor pero
era muy pobre, muy pobre, muy pobre, para estudiar. A los 16
años me puse a trabajar con gente de la mafia que me preguntó si
quería aprender a tatuar (se refiere a gente del barrio
donde creció y a la que durante la conversación
también llamará gente de la calle). Empecé tatuando
poca cosa, pero aprendí rápido. Ellos vieron que
tenía maña y me siguieron enseñando”.
La
intervención del tatuador y la escena misma en que
se produce, le veo dibujar flores, me invita a pensar en ese
parentesco entre la pintura y el tatuaje en cuanto a la práctica
de utilizar pigmentos para representar formas reales, fantásticas
o simplemente abstractas sobre alguna superficie, llámese
tela, papel, cartón, metales o piel.
Pero el tatuador
sabe que no plasma colores sobre una superficie muerta, sino
que inscribe una marca de por vida en el cuerpo de un sujeto
diferente de él. Lo sabe decir mientras le
explica a su tatuada lo que le está haciendo al enseñarle
el boceto donde se planifica el tatuaje: “Esto se te verá de
diferente tamaño porque tú piensa que el cuerpo
es diferente del papel. El papel es liso y el cuerpo no”.
El tatuador enuncia una homologación directa entre papel
y cuerpo en tanto superficies donde se plasman sus trazos. Es
importante destacar, que no habla de la piel, como parte del
organismo que es lisa y en realidad se parece más al papel,
sino que habla directamente del cuerpo como totalidad física
del individuo a tatuar.
Según boletín publicado en diciembre de 2006 por
la empresa Newsletter (especialista en investigación sobre
Marketing y Consumo), la empresa Danone preparaba su lanzamiento
al mercado de un yogurt con propiedades desintoxicantes e hidratantes
que incidirían directamente en la piel. Aquel producto,
hoy conocido como Essensis, constituyó la apertura de
un sector de consumo llamado Nutrocosmética o Dermonutrición,
avalado por un discurso publicitario directo y feroz, que, avalado
por la ciencia contribuye como tantos otros productos del mercado
a la construcción de una noción fragmentaria del
cuerpo humano. En consecuencia, la antigua noción que
tenía la mujer acerca de su piel como aspecto o lugar
del cuerpo susceptible de cuidados, se ha transformado en los últimos
tres años en un órgano vivo que debe ser alimentado
con nutrientes especialmente diseñados para él,
según lo mandan las campañas publicitarias, el
discurso AMO, discurso capitalista, dando a la piel casi el
mismo estatus de cuerpo como totalidad.
Ya no basta alimentarse
bien, y que el metabolismo del organismo sintetice por si
mismo los nutrientes necesarios para mantener cada una de sus
partes, sino que la parte (en este caso la piel) se convierte
en ente vivo al que le falta algo que ha de ser llenado, colmado,
con aquello que se llame yogurt, píldoras,
crema o lo que esté por inventarse.
La noción fragmentada del cuerpo contribuye quizás
a la necesidad del individuo de reconstruirse el cuerpo mediante
inscripciones pictóricas que actúan como partes
de un mapa. Las investigadoras Guillermina Díaz y Rebeca
Hillert (2) hablan del “Cuerpo que se prestará como
superficie de inscripción a recibir la marca significante
y en el que se han privilegiado ciertas zonas erógenas
y circuitos pulsionales”.
Otro de mis entrevistados, El
Mexicano, relató que su
segundo tatuaje, una tortuga galápago sobre el tríceps,
se lo hizo tras el siguiente episodio: “Trabajaba como
guía turístico en una playa en Cancún y
llevábamos a unos turistas a caballo cuando vi a una tortuguita
que me fascinó. Le dije al grupo que continuara el camino
para yo seguir a la tortuga hasta que me condujo a su nido. Estaba
lleno de tortuguitas pequeñas preciosas” Durante
su relato yo intuí que había algo relacionado con
la virilidad que lo había movilizado en aquel instante
descrito por él como algo mágico. Un tercero que
nos escuchaba intervino en el diálogo y le dijo: “Quizás
eso significa que fuiste una tortuga en otra vida”, a lo
que El Mexicano rápidamente contestó risueño: “Sí,
quizás dejé mi esperma de tortuga por ahí regado
y esas eran mis hijas”. Lo que yo había intuido
era compatible con este comentario. Algo de su virilidad o capacidad
para fecundar había tocado su subjetividad, tanto que
eligió tatuarse aquella tortuga, hija mayor, insignia
de virilidad.
.
El tatuaje opera con el mismo estatus significante del Nombre
del Padre. El sujeto adquiere aquello que aún no le ha
sigo otorgado, pero cree que le pertenece y en consecuencia ha
de tomarlo. A través del dolor y la marca, el sujeto quiere
legitimar la existencia de su propio cuerpo, diseñado
según propia voluntad, renunciando a aquello heredado
en forma natural. Lo que faltaba ha sido recuperado, aunque haya
implicado una decisión radical. El sujeto tatuado intenta
resarcir la falta haciéndose titular de la imagen que
elige tatuarse, convirtiéndola en parte extraordinaria
de su cuerpo, a su vez que exhibe un goce doloroso que lo embiste
de poder. Es evidente la simbología fálica inherente
en el tatuaje en tanto aspecto que sobresale, que incita, que
molesta al otro juzgador, o que agrada al otro consentidor.
El
hecho de que la técnica de tatuar no haya presentado
cambios importantes a lo largo de su historia, y que el aparato
mismo con el que se introducen los pigmentos aún conserva
un mecanismo simple y casi precario, viene a demostrar que el
deseo de sofisticación presente en tantos otros aparatos
de uso rutinario no ha surgido en esta práctica, porque
precisamente, quizás, pretende recobrar ese rasgo arcaico,
primitivo y tribal del ser humano.
Como forma de ornamentación volvemos a encontrar un parentesco
entre tatuaje y arte. Una mancha estética que invita a
mirarse. Como lo enunció Nai durante nuestra entrevista: “A
veces me miro en el espejo y pienso joder si que estoy manchado”.
A este chico le quedan pocos espacios libres de piel. El último
que se hizo, una golondrina sobre el empeine izquierdo dedicada
a su abuela con una inscripción que dice: Love Yaya. “Le
quería ofrecer un homenaje en vida. Ella me conoce, sabe
quién soy”.
No podemos evitar pensar en el tatuaje
como algo que no contiene un fin en sí mismo, quizás una respuesta rebelde
frente a las urgencias de un mundo en que todo se ha convertido
en algo utilitario, en muchos casos hasta el arte. El tatuaje
no deja de ser un grito individual, una demanda de atención
que pretende valorar la marca que se inscribe en la piel, sin
valor comercial. Como indica Luis Juan Guerrero en su artículo
Una estética Argentina (3) que para contrarrestar su alienación
el hombre busca una actividad enteramente humana y la llama creación
o experiencia artística.
Pensando el tatuaje como obra
de arte, y remontándonos
a la más antigua clasificación de las artes, establecida
entonces en a antigua Grecia, podríamos pensar en las
artes superiores como aquellas que se podían apreciar
por los sentidos superiores: la vista y el oído, considerándose
innecesario el contacto táctil. En este particular, podríamos
hablar del tatuaje como arte devenido en tacto. Arte superior
en su parentesco con la pintura, pero menor en tanto trasgresor
y apelativo de los más intrínsecos vericuetos del
deseo humano. ¿Qué papel juega el deseo en tanto
elección?
El tatuador me preguntó si yo estaba tatuada y yo le
dije que no. Él y su clienta me miraron sorprendidos al
unísono. Ella comentó que le parecía admirable
y el asintió además de acotar textualmente que
conocía “poca gente así”. A mí me
sorprendió que me vieran como un fenómeno excepcional
además de despertarme un profundo enigma, por qué mi
falta de tatuajes, mi piel intacta como un lienzo, a ellos les
parecía admirable.
(1) Introducción al Psicoanálisis.
Capítulo
2. Los Actos fallidos, 1966.
(2) El tren de los adolescentes. Capítulo2.
Tatuajes visten disfraces, 1998. Lumen/Humanitas.
(3) Pensamiento de los confines, número 11, sep/2002. Paidós.
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Mesa
II - El cuerpo en relación a la angustia, la depresión
y el dolor crónico y a las incertidumbres de la vida
moderna. |
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Anorexia:
patología o santidad
Daniela
Aparicio
INTRODUCCIÓN.
Anorexia y bulimia constituyen
dos paradigmas fundamentales de nuestra modernidad. Por un
lado dan cuenta de un acoso y una incitación al consumo
y a la bulimización generalizada y por otro, tenemos
el intento anoréxico de adelgazar esta aspiración
totalitaria denunciando su insuficiencia para la vida del
sujeto. Una lucha a muerte contra lo que es vivenciado
como una tiranía, de la cual el sujeto necesita
salir para asegurar su vida subjetiva.
Las patologías
clasicas crecian y se desarrollaban de puertas para adentro,
eran dramas intimos, subjetivos y familiares. La anorexia,
como sintoma, tiene un caracter revulsivo especial: SALTA
A LA VISTA, captura la mirada y como en el prefacio del Perro
Andalús corta nuestro
ojo. Produce por ende una imagen especial y hace un síntoma
en lo social.
El sintoma privado se convierte en un fenómeno
social y un daño público, en este recorrido
el sujeto queda a veces en suspenso.
Antes de entrar
de lleno en el tema enunciado, necesito situar algunas
premisas teoricas que fundamentan la relacion entre cuerpo
e ideales, para luego poder localizar el cuerpo en su
tiempo.
Desde el mito de Narciso sabemos que no hay
cuerpo sin imagen. Conocemos asimismo la captura del cuerpo
en su reflejo y relacionamos necesariamente cuerpo e
imagen. La pasion narcisista da cuenta de una investidura
y una idealizacion especial, que para Lacan tiene efectos
estructurantes, véase
el estadio del espejo y la funcion constituyente de la
imagen. El jubilo del bebé indica la aparicion
del yo ideal i(a), que aunque sea identidad ilusoria
del yo, unifica los fragmentos en una imagen. Así se
instala el apresamiento de la imagen sobre el cuerpo.
Esta operación
no sólo
es real e imaginaria. Lacan ha insistido diciendo que
el cuerpo está en relacion directa con el Otro,
que es el “lugar del Otro”. Eso significa que no podemos
hablar de un “cuerpo propio”. Cuando la anoréxica
ayuna, adelgaza el cuerpo materno. El cuerpo llamado
propio es ajeno y está alienado siempre al Otro,
al significante, y al registro simbólico que le
da cuerpo. La naturaleza esta supeditada a la cultura,
por ende no hay para nosotros un cuerpo biólogico
o natural. Véase Pigmalion,
que convierte a la mujer en su obra. El cuerpo funciona
sobre la batuta del ideal. Y este ideal no es propio,
siempre es ajeno, le viene al sujeto de fuera, del exterior.
El cuerpo como lugar del Otro es pulsional y erótico,
trasciende al organismo. Este cuerpo no es carne ni se
alimenta de pan, lo natural se pierde y eso está connotado
por la barra del registro simbólico sobre el sujeto.
La cuestión
esencial para mi desarrollo hoy, trata de situar de qué Otro
se trata en cada momento de la Historia.
Hay dos tipos
de ideales según el psicoanálisis
que intervienen en la constitución del sujeto.
El yo ideal, del cuerpo perfecto que se forja en la relacion
primigenea con la madre, en el estadio del espejo. Y
el Ideal del Yo que es posterior y vendría a ser
una identificacion a la instancia paterna que arranca
al hijo del amor arcaico, o dual y lo introduce en el
futuro lazo social. Los grandes ideales de liberacion,
y de solidaridad social pertenecen a este segundo capítulo,
que es el Ideal del yo.
Es sobre este último que
pesa la caida actual, lo que llamamos hoy la “epoca de
la desidealización”.
Podríamos decir que triunfa una suerte de regresión
a un pasado de objeto a la merced de unos mandatos tiránicos,
la Ley materna. Este repliegue sobre el yo ideal se aprecia
por una exacerbación de la pulsión de muerte,
que comprobamos en la patología actual. Ante la
caida de los ideales llamados “progresivos” regresan
las demandas mas arcaicas. El nuevo heroe de nuestras
peliculas es un ser primitivo en su violencia, dominan
las masacres, las drogas, la paidofilia y un largo etcetera.
SANTAS
ANOREXICAS.
Ayunar, no comer, rechazar el alimento para
llegar al cielo... este fue el "leit motiv" de
muchas mujeres. Este terco empeño empleado por
las religiosas aspirantes a santas asustó a sus
mismísimos
confesores, como ocurrió con Catalina de Siena
y muchas otras. Con justicia se podría llamar
a la época
en que vivió la Santa de Siena como la “era de
las santas anoréxicas”. Rudolph Bell en su libro La
Anorexia santa, ayuno y misticismo desde la Edad
Media a nuestros dias (Ediciones PUF) describe
la vida de 260 santas y beatas de la Iglesia Católica
que tomaron el ayuno como una muestra del ascetismo y
religiosidad de su tiempo. Estas mujeres además
de negarse a comer, negaban también su propia
naturaleza femenina.
El caso particular de Catalina de
Siena (1347 – 1380),
hoy Doctora de la Iglesia, ha sido estudiado por los
especialistas en trastornos de la alimentación,
no solo por haber sido un caso histórico sino
tambien por ser el reto de una realidad cuya continuidad
se manifiesta ahora, siete siglos después de su
muerte.
Catalina Benincasa nació el
25 de Marzo de 1347, fue una melliza nacida prematuramente
en Siena. Su madre tuvo que hacer la elección
difícil
de alimentar solamente a una de las dos, para que al
menos una pudiera vivir. Comienza aquí para Catalina
una historia familiar mortífera. Rodeada de muertes
se ofrece a Dios como el Otro del amor, se ofrece al
goce. Se siente marcada por la culpa de haber ocupado
el lugar de otro para sobrevivir, culpa reeditada por
la muerte de otras tres hermanas. Es así como
Catalina obliga su cuerpo a las penitencias más
inhumanas para que Dios pudiese verla, o escucharla.
Hasta su muerte ocurrida el 23 de Abril de 1380 sólo
comia habitualmente hierbas crudas y algo de pan.
Acceder
a la vida de Catalina es encontrarse con un estílo
de vivir y transmitir ideas que surgen de su singular
experiencia con Dios. El psicoanálisis interpreta
esta experiencia mística como una experiencia
del goce femenino. En sus escritos publicados como “Diálogo” Catalina
escribe: ”Tu
lengua no será capaz de poder explicar, ni tu
oído
de percibir, ni tu entendimiento de comprender el gozo
del que sigue este camino, ya que, además, gusta
y participa en esta vida del bien que le está preparado
para la vida eterna”.
Catalina, asimila su encuentro con
Dios a la experiencia de satisfacción de un niño
mamando. En sus escritos transmite la dulzura del amor
que llena su boca, que la deja sin palabras, que la satisface
plenamente y la hace desaparecer toda en el otro. Escribe: “El
alma gusta la leche, como el niño reposando
tranquilo en los pechos de la madre, y teniendo en su
boca la teta, extrae la leche a través de la carne… Así el
alma… descansa en los pechos de mi divina caridad”. Que
manera tan precisa de decir la satisfacción primaria,
la fusion con el pecho y con la divinidad.
Lacan llama “mujer” al
sujeto que elige su goce con algo que va a la vez y mas
alla de la castración y de la
función fálica.
Podemos pensar en una inscripción
de la experiencia mística que se hará notar
por via de la anorexia, en el cuerpo de Catalina ante
la imposibilidad de decir su goce. Su cuerpo se expresará como
el testigo de esta relación mistica que fusiona
amor con goce.
La condición de la experiencia
mística
impone la confección de un cuerpo distinto al
común: “… Entonces,
aquel alma, verdaderamente como ebria, parecía
fuera de sí y con los sentidos enajenados por
la unión
realizada con su Creador….” En el lenguaje místico
de Santa Catalina el cuerpo tiene una relevancia que
no es posible rechazar, a tal punto que en el se desarrolla
la escena y es el lenguaje de la misma relación
mística.
Gabriela Maria Di Renzo (Facultad de Derecho
y Ciencias Sociales del Rosario. Universidad Católica
Argentina) que ha estudiado el tema, recalca que a pesar
de la imposibilidad y la dificultad de nominar la experiencia,
Catalina hará una
práctica y no dejará de expresar los acontecimientos
por los que transitaba. No abandonará el intento
de hacer de lo indecible una enseñanza y un legado
a la cultura. “Haré como un balbuciente –escribe-
diré: «A,
a,a», porque no sé qué otra cosa
decir, pues la lengua finita no puede expresar el afecto
del alma que infinitamente te desea… «Ni lengua
puede expresar, ni oído escuchar, ni ojo comprender,
ni corazón
imaginar» aquello que vi. ¿Qué viste? «Vi
los secretos de Dios»”. (Dialogo). Asi, da cuenta,
mejor que nadie de la insuficiencia del lenguaje para
transmitir una experiencia que lo trasciende.
Cada epoca
da cuenta de sus sintomas en funcion de sus ideales y
ficciones. No es lo mismo escuchar el relato de los estragos
que se inflinge Catalina, ascesis y restriccion absoluta
del alimento con flagelaciones del cuerpo, todo ello
dedicado a un Ideal divino y en nombre de Dios. Su cuerpo
estaba atravesado por el Ideal, creencia que correspondia
a su tiempo. Hoy, un psiquiatra le pondría el
rotulo diagnóstico de melancolia delirante, con
indicación
de ingreso y con camisa de fuerza química. Es
probable que Catalina de Siena fuera reducida hoy a una
enferma mental, por el discurso médico. Acaso
eso no nos refleja con una claridad diafana una sociedad
que funciona sobre el ideal- la medieval - y otra que
esta privada del mismo, o que lo sustituye por el ideal
de la ciencia.
Dios ha muerto y las anoréxicas
actuales no saben muy bien a qué santo encomendarse.
El cuerpo hoy se ajusta y se normativiza segun los discursos
que predominan en lo social.
¿QUÉ PASA
HOY?
Para la mujer actual, todo apunta a un relevo de
la religion por la ciencia y por un materialismo exacerbado.
La espiritualidad del Corte Inglés,
podríamos decir.
Los excesos del consumo sobre
el cuerpo, o sea los michelines, el sobrepeso, los estragos
de la edad encuentran su solucion en la ciencia y en
la cirugía
estética, en
los gimnasios, en el fitness. “Fitness” es el nombre
de un discurso que encaja el cuerpo en el corsé de
la imagen uniformada, matriz del ideal actual. Quiere
decir literalmente “adecuación”.
Basta mirar los ejercitos de mujeres en los gimnasios
para entender lo que dice Foucault de los “cuerpos dóciles” que
se adaptan a la norma imperante y se normalizan según
la misma.
Los ideales del discurso capitalista, si es
que podemos seguir llamandoles asi, son utilitaristas:
nada se pierde y todo se recupera el sujeto del capital
trabaja y luego el mismo compra los mismos objetos que
ha producido con su trabajo, la plusvalía está siempre
al servicio de la empresa. Este discurso ha sido globalizado
y sabemos lo que significa. Podemos pensar que el sujeto,
a su vez, ha sido reducido a un objeto de consumo, consumidor-consumido.
El
discurso de la ciencia esta muy cerca de este empeño
objetalizador. No hay objeto que no pueda inventarse,
no hay nada imposible, desde los gadgets de turno hasta
los esclavos robóticos. Ahora se fabrican tambien
auténticos
seres vivientes, la clonacion está a la orden
del dia. No en vano muchos hablan de religión
al referirse a la ciencia. El discurso de la ciencia
y la tecnología
incrustan un Ideal superyoico de omnipotencia desmesurado
en nuestro ideario escaso: TODO ES POSIBLE.
La ciencia
capaz de objetivarlo todo opera tambien sobre la subjetividad,
sobre el sujeto redcuciendolo como tal. Su futuro ya
no le pertenece, lo dicta la genética.
La genetica tiene las riendas de nuestro destino y carga
con el peso de nuestra sexualidad y con nuestras culpas
tambien. El sujeto es inocente o irresponsable, es objeto
de estudios. Se gastan fortunas –hay que saberlo– para
encontrar el gen de la anorexia-bulimia y asi desentenderse
de todo. En plena guerra feroz de la ex-Yougoslavia se
gastaban sumas inmensas en la investigacion de las reacciones
traumáticas...
en los monos y las ratas. Curioso verdad! A la vez, leemos
en la prensa que se retiran del mercado 125 farmacos
anorexígenos,
no se preocupen quedan muchos mas en circulación.
Los efectos de todo ello los observamos en la clinica
donde el síntoma está cada vez mas desubjetivado,
no le pertenece a quién lo padece. El fármaco
tambien representa esta funcion: desligar al sujeto de
la experiencia subjetiva.
Acaso no podemos decir hoy
que muchos entregan su cuerpo a la medicina y eso ocurre
mucho antes de la hora de su muerte. El discurso de la
ciencia se convierte en la referencia única
del saber que universaliza y despoja al sujeto de su
experiencia más intima. Sin palabras el cuerpo
real crece desmesuradamente y se cadaveriza. Nada que
ver con el goce femenino que estudiamos en Santa Catalina.
Hoy, la pulsion acéfala
busca su atracón y lo encuentra en las mil adicciones
posibles, en las compras, drogas, alimentos, etc. Uno
de los efectos del discurso de la ciencia ha sido vaciar
nuestro horizonte de ideales para realizarlos en tierra.
Y nosotros somos los productos secularizados de esta
operacion. Insisto en eso, ya que entiendo que esos discuros
son actualmente los modelos ideales que confluyen en
la construccion del cuerpo femenino. El cuerpo esta esculpido
por el ideal, o da cuenta de su ausencia. Es lo que podemos
observar en los testimonios de las adolescentes anorecticas.
TESTIMONIOS (fragmentos
de entrevistas)
Qué nos refleja la clinica de las jovenes
anorécticas
de nuestro propio mundo y de la transformacion de sus
vinculos. En mi investigación he ido a escuchar
lo que dicen ellas de su cuerpo y de su malestar, en
su lugar de ingreso.
ANA me dice: la anorexia es la única
cosa de mi que puedo controlar. De barrio muy pobre no
le gusta nada de su familia ni de su entorno, y eso ya
desde muy pequeña.
Añade, “lo que no puedo hacer con mi vida lo hago
con mi cuerpo”. Ella utiliza su cuerpo como plataforma
contra la familia o contra el mundo. ”Es lo único
que me hace sentir que soy algo. Es mi fuerza de voluntad,
si engordo la pierdo”.
LIDIA. A los 12 años se
desespera y comienza todo “se ve gorda” y reduce cada
vez mas la ingesta hasta acabar con una manzana y todo
el dia ejercicio imparable. “No
me gusta mi cuerpo, lo odio”, dice. En el Hospital se
levanta de noche para hacer ejercicio y eliminar lo que
le habían
obligado ingerir.
Su estílo se llama “siniestro”.
Se pinta labios y ojeras de negro, uñas tambien,
botas militares, pantalones y atuendo especial.
Si pudiera
me haría
agujeros de arriba abajo, dice. Sólo piensa en
los piercings, tiene ya 5. No comer es hacer otro agujero,
que no funciona para relanzar su deseo. Le dice a su
madre que si no le deja hacerse mas piercings, se suicida.
Y esta me comenta que para todo esgrime el suicidio.
Se juega la vida en ello. Agujeros en el labio, ceja,
nariz, lengua (la lengua ahora sirve para eso). Necesita
diferenciarse de los demas. Y a la vez, habla de la segregación:
hay que echar a todos los emigrantes, a los moros y a
los gitanos, partirles la cara… extranjeros fuera.
Se
dedica tambien a rajarse los brazos de arriba abajo,
es el equivalente a tres dias sin comer. Hacerse cortes
en los brazos la alivia mucho, alivia su angustia. Es
otra manera de controlar. Rajarse los brazos es una conducta
bastante frecuente, una manera de castigar al cuerpo
debil, sin referente al sufrimiento mistico, pura pulsion
de muerte que reproduce una y otra vez su apetito de
muerte, este sustiyuye el amor a Dios.
Ademas, en primer
plano esta la prevalencia de la imagen. Una imagen sectaria
y desmesurada que representa el sujeto, en Santa Catalina
no hay mención de ello.
NURIA demacrada entra en escena como Cristo
arrastrando su cruz, un cuerpo diminuto (13 años 35
kg) amarrado a la máquina de transfusión. Criatura
indefensa, se sienta en la punta de la silla, desafiando milagrosamente
la ley de gravedad. Cuando habla su voz es apenas audible:
dice, “todos me quieren engordar, nadie me quiere, yo
me quiero morir”. “Como no soy perfecta prefiero desaparecer”.
Todo es una pesadilla dice que no puede acabar bien.,
porque ella solo tiene “ganas de nada”. Este significante “nada” esta
muy presente en su discurso y dice mucho de su nadificacion
progresiva, una especie de “suicidio lento”. La diferencia
entre santidad y patologia se confirma cada vez mejor.
LINA: “ Me
meti en la cabeza pesar 20 kilos y lo voy a lograr. Vi
en la Tele -otra vez la imagen- una niña
muy, muy delgada moribunda, en Bellvitge, ella no tenía
más remedio y se iba a morrir. Me ha quedado su
imagen en la cabeza. Tambien he pensado varias veces
en cortarme las venas con unas tijeras. Lo más
importante para mi es estar delgada, aunque me juegue
la vida. Tambien recuerda una niña que se mato
tirandose por un acantilado. Me dan mucha envidia estas
mujeres, por su fuerza de voluntad”,
me dirá.
JULIA Ella piensa que si come y vomita
es como si no hubiese comido nada. Asi empiezan los atracones
que acaban siempre en vómito. Llegaba a vomitar
8 veces al día
y robar comida en los “Super”cuando no tenía dinero.
Un día llega a gastarse 100 euros en comida, se
la lleva a un descampado y luego vomita todo. “Mientras
fuera comer y vomitar me daba igual, necesitaba hacerlo
como un vicio, una droga.” Hay muy poca reflexión,
o asociación
subjetiva que acompañe la mayoría de esos
relatos. Cuentan actos, hazañas epicas y poca
cosa más.
Algunas consecuencias de esta casuística:
en primer lugar, vemos la relevancia de la imagen, espejo
del ser actual. Para ser querida hay que tener una imagen
delgada. “Si
eres delgada lo consigues todo”, esta es la condición
y requisito. La imagen de delgadez como bien supremo
toma una consistencia casi delirante. La imagen “retrato
robot” ocupa
el lugar de Dios.
No voy a entrar en cuestiones propiamente
clínicas,
como dije en un principio. Sólo en sintesis, podemos
decir que SI hay patología y muy grave, se observan
a menudo rasgos melancólicos llamativos, con un
sentimiento de indignidad y un odio feroz a si mismas
y el consecuente negativismo en su empeño de mortificación
sistemática.
Cualquier parecido con nuestra santa Catalina del amor
es pura ficción, en este reino del desamor.
Más
de una dice que ella es el negativo de su propio ideal,
por ello se castiga. Se observan muchos cuerpos de niñas
que se ofrecen a diferentes modalidades de estrago, que
los buscan o que se los inflingen. El pensamiento patina
sobre el cuerpo, sin tomar cuerpo. La imagen ideal y
homologada, congelada, gana la partida y domina dictando
las conductas.
Hay que adelgazar hasta encajar en la
talla. Este es el lecho de Procusto: recortar el cuerpo
para que encaje en el uniforme Ideal de este nuevo ejercito.
Con el sentimiento presente de no dar la talla nunca,
o incluso de morrir en el intento. El cuerpo se convierte
en un escenario de lucha para un sujeto que ha perdido
las riendas de su destino y siente que su cuerpo es lo
unico que todavía puede
manipular. Nuestra Santa Catalina en su Diálogo
nos deja otro legado.
QUÉ ECOS ENCONTRAMOS
DE TODO ELLO EN LAS NUEVAS EXPRESIONES DEL BODY Y CARNAL
ART.
El arte siempre se anticipa para enunciar las
verdades de su tiempo. La mano de Charlie Chaplin en Tiempos
Modernos que despues de salir del infierno de la fábrica
sigue con el automatismo de dar vueltas a los tornillos ¿Se
puede considerar todavia una mano humana? El hombre se
convierte en un instrumento al servicio de la máquina,
se identifica a la misma. Esta es otra manera de decir
la alienacion del cuerpo a los discursos vigentes.
La
superficie corporal se transforma en una nueva identidad,
o intenta hacerle suplencia. En el Body Art se materializa
una obsesión
del arte por el cuerpo. La superficie corporal se transforma
en un objeto manipulado y maltratado de mil maneras,
sobre el mismo se inscriben diferentes mensajes, injertos
simbólicos.
Fundamentalmente tenemos la apología del anticuerpo
y el desprecio del cuerpo por su caducidad.
Según
Chantal Jaquet “Le corps” (PUF 2001) “gran
parte de las “performances” tienen como meta la adquisición
de un dominio sobre si mismo y la eliminación
del miedo, del sufrimiento y de la muerte. En la encrucijada
del arte y de la técnica, el Body Art intenta
desarrollar la omnipotencia humana haciendo retroceder
sus limites fisicos y mentales”. Ejemplo, Marina Abramovici
en los videos que filman sus actuaciones intenta vencer
las leyes del cansancio sentada siete horas, o más,
sin moverse. Nuestro cuerpo caduco y mortal, a veces
sufriente, se convierte en un monumento casi contra-natura,
que domina sus debilidades, o las desconoce. Tentativa
que pugna para mostrar la potencia de un cuerpo que puede
vencerlo todo. Un modo bastante psicótico
de tratar el cuerpo como un organismo, como si no tuviera
ninguna relacion con el sujeto, no con el nuestro.
El
cuerpo real de la mujer se convierte para el arte en
un objeto para la investigacion cientifica.
Claudia Giannetti
en su artículo
títulado “Del cuerpo mecánico al cuerpo virtual” hablando
de Sterlac y Antúnez dice que “son ejemplos de
artistas que están
investigando en la misma dirección que las teorías
planteadas desde la ciencia, la filosofía, la
sociología,
la psicología, etc., sobre la instauración
del posthumanismo , que conduce irremediablemente a una
transformación
drástica del propio concepto de cuerpo y de sujeto
y por consiguiente, a la transformacion o crisis de los
conceptos de realidad y verdad.” En lo referente a Sterlac,
cuyas performances son situadas en el ciberpunk, hay
que tener en cuenta que tras sus puestas en escena, las
cicatrices que restan en su cuerpo, tardan semanas en
cicatrizar. Según él,
el cuerpo está obsoleto: "el cuerpo debe ser vaciado, endurecido
y deshidratado, eliminada toda víscera inútil, para convertirse
en un receptáculo mejor para la tecnología".
Orlan, una
de las pioneras del Body Art, comienza sus performances en 1990. En sus
transformaciones quirúgicas demuestra
tambien que el cuerpo es obsoleto. Ella rompe con los
canones de la estetica establecida y con los estereotipos que se
imponen a las mujeres. ¿En qué consiste
su collage quirúrgico? En sus cinco primeras
operaciones adquirió la barbilla de la Venus
de Botticelli, los labios de Europa de Boucher, la
frente de la Mona Lisa de Leonardo, los ojos de Psique
de GerÔme. En
lugar de los implantes de pomulos ella se implanta dos jorobas, o salientes
en forma de cuerno en cada lado de su frente. Ahora podemos decir que
esos intentos de injertar lo simbólico sobre
lo real dan un resultado siniestro, o monstruoso. El
bisturi no es la mejor via para operar con lo simbolico. "Pararé mi
obra cuando sea lo más parecida
posible al retrato robot electrónico” dice y
escribe. Su cuerpo se ha convertido en un prefabricado
modificable, digno si del “posthumanismo”, que descompone
las obras mas prestigiadas de nuestra cultura.
El
vaciamiento que conocemos todos a nivel de los ideales
pone el cuerpo en primer termino y lo convierte a su
vez en un Ideal neuronal, o genético. Se trata
esta vez del cuerpo descarnado real, no del cuerpo
hablado simbólico,
ni del cuerpo imaginario. Y cuerpo real quiere decir
lo imposible, pura materialidad manipulada por la ciencia.
Eso es fundamentalmente lo que observamos en el arte,
o en algunos de los nuevos fenómenos de la clinica.
Ya no es el cuerpo del enigma, de los fantasmas o de
los mitos, de la anatomía imaginaria
de la histeria, ni el cuerpo de la mística.
Hoy,
las imagenes ideales se multiplican como en un espejo
roto para intentar suplir los agujeros simbólicos.
Son imagenes que se confunden con unas prótesis
de identidad y fracasan en su intento, ya que no pueden
sostener la estructura. La última intencion
de estas imagenes ideales tanto en la anorexia como
en Body Art es la de afirmar su empeño feroz
de omnipotencia, el poder con todo sin contar con los
limites, lo que llamamos la castración,
la muerte, o las faltas del viviente. Mas que nunca,
y este si creo que es un rasgo relevante de nuestra
modernidad, el Ideal actual
y su exigencia castigan la falta en la estructura como
su fracaso personal.
El sujeto en falta es castigado o sacrificado y eso
significa nuevos modos de goce o de sufrimiento, la
ciencia como nueva religion ofrece el cuerpo en sacrificio
a los dioses oscuros.
He visto padres que les pagan
a sus hijas una reduccion, o un aumento mamario, regalo
de Navidad, o de Reyes. Narices, pechos, labios, y
otros se cambian a gogo. Todo parece posible, para
comulgar con la Imagen Ideal, mandato de lo que hay
que ser.
Observamos esta fijación a la Imagen.
Cada uno supuestamente puede tener el cuerpo que quiera,
pero la paradoja resultante finalmente es el ejercito
de clonados, cortados sobre el mismo patrón,
el individuo o el sujeto se disuelve en la masa.
El
cuerpo, su imagen se convierten en el resto de la subjetividad.
Lo que el individuo intenta esgrimir para diferenciarse
cae a menudo y se pierde ante la presión externa
unificadora. Esos modelos ideales giran en torno al
cuerpo y se rigen por la delgadez, la hiperactividad
y la inmortalidad, o sea la omnipotencia. Estas referencias
que predominan en lo social producen contagio en la
masa, pero no sostienen la subjetividad, por denegar
la castración.
EN EL CAMPO
DE LA MUJER. El mero hecho de ser mujer ya constituye
un factor de riesgo!
El 90% o más de las afectadas
en anorexias y bulimias, lo son. La mujer durante varios
siglos hasta nuestros días,
ha utilizado la manipulación de su cuerpo como
forma de protesta y rebeldía, como búsqueda
de una autonomía en su ser que de ninguna otra
forma podría
alcanzar, eso sigue vigente.
La anorexia es una cuestión
femenina, la estadistica confirma la estructura. Tiene
que ver con la sexuación
femenina, con el goce de la mujer, con un más
allá de
la lógica fálica. En este sentido, se
nos plantea tambien una hipotesis intemporal: algunos
estudiosos lo llaman “un modo de ser anoréctico
femenino en el mundo” (Jacques Maitre).
Eso se concreta
en el cuerpo, en las vivencias de extasis y sufrimiento,
de goce: los sintomas corporales carecen de importancia,
son negados. No hay un saber biológico
que pueda explicar este fenómeno, tampoco hay
palabras para expresarlo. Lo esencial está en
otra parte. Podemos entender este no-todo como un destino
de la pulsion femenina con repercusion social: santas,
brujas, ayunadoras, anorexicas... una serie que marca
la falta en el Otro, intenta cavar un agujero en su
omnipotencia. En este sentido se inscribe tambien la
pugna entre la Histeria y el saber medico, la pugna
con el Amo. La anorexica, santa o no, entra en dialectica
con el saber de su epoca: adelgazar el establishment
religioso ayer, o el poderío medico-cientifico
de hoy.
El cuerpo cadavérico abre una brecha
en el Otro, cuanto mas se consume más consistencia
tiene para el Otro, de cuya alienación se quiere
liberar. La separación salvaje la protege de
la alienación
y defiende su deseo para que no sea aplastado por la
demanda.
Sabemos que hay dos anorexias, esta última
de la cual hablabamos, que esgrime la nada para sostener
su deseo ante la demanda asfixiante del Otro. Esta
es la función
de la nada como objeto separador del otro materno o
cultural, que determina la diferencia estructural entre
deseo, necesidad y demanda. En última instancia
todos sus estragos y su culto a la nada, son padecidos
para hacer surgir un signo de amor en el Otro.
La segunda
anorexia, está en relación al
goce del Otro y no a su deseo. El rechazo en este caso
no potencia el deseo sino que lo nadifica. Allí aparece
lo que Lacan llamaba el “apetito de muerte” y el “suicidio
lento”, el cuerpo en este caso se consume hasta su
propia destrucción, estamos en la psicosis.
¿Como
definimos la mística? Michel de Certeau,
un contemporáneo, dice: “lo que se aparta de
las vias normales u ordinarias; lo que ya no se inscribe
en la unidad social de una fé o de referencias
religiosas, sino al margen de una sociedad que se laiciza
y de un saber constituido por objetos cientificos”.
Lacan en el Seminario Aun nos recomienda
leer a los místicos “Estas
jaculaciones misticas no son ni palabrería ni
verborea; SON AL FIN DE CUENTAS LO MEJOR QUE HAY PARA
LEER y en nota a pie de página dice: “añadir
a los Escritos de J. Lacan porque son del mismo
registro. Y más adelante…… añade: “Y
por qué no interpretar una faz del Otro, la
faz de Dios como lo que sirve de soporte al goce femenino”.
Más
allá del falo, en el goce Otro encontramos –para
la mujer– un soporte de la existencia de Dios. Podríamos
pensar que este lugar está a la merced de los
mandatos de cada epoca. La anorexia como resistencia
a la secularizacion de lo sacro, apunta a veces a la
sacralizacion de lo profano. Podría ser la busqueda
de nuevas vias para la expresión
espiritual, en una epoca que ensalsa el consumo irreflexivo.
En
nuestra epoca el objeto NADA deviene un objeto fundamental,
sin el cual la vida no tendría sentido. |
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Mesa
II - El cuerpo en relación a la angustia, la depresión
y el dolor crónico y a las incertidumbres de la vida
moderna. |
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Clínica
psicoanalítica del cuerpo
Carmen
Lafuente
Introducción
El cuerpo siempre ha tenido un lugar preeminente
en el psicoanálisis.
No solo porque en la sesión está presente el
paciente con su cuerpo, sino porque también está presente
el analista ya que como dijo Freud no se puede analizar
en ausencia o en esfinge.
El psicoanálisis se inventó gracias a las primeras
pacientes histéricas que le hablaban a Freud de sus
síntomas conversivos. Pero aunque el síntoma
conversivo afectaba al cuerpo, Freud no se dejó fascinar
por él y tuvo la genial intuición de que cuando
el cuerpo se anestesiaba, se contraía, o dolía
había que ir a buscar la respuesta en lo que la palabra
podía recuperar de un significado escondido, olvidado
por la represión, que remitía a la sexualidad.
Freud
pues deja de lado la mirada médica sobre el
cuerpo doliente y convoca a la palabra. Aparta también
el cuerpo del analizante de la visión del analista,
posiblemente para evitar quedar fascinado por su contemplación,
ya que no soportaba la visión del analizante durante
muchas horas y por dicho motivo lo estiraba en el diván.
Muy
pronto Freud se dio cuenta de que el cuerpo no es solo el
organismo, sino que es algo más . Este algo más,
hace acto de presencia poco tiempo después cuando tras
la primera época del tratamiento psicoanalítico
en el que la puesta en palabras del síntoma producía
efectos terapéuticos rápidos, aparecen la repetición,
la reacción terapéutica negativa, el goce que
nos indica que el sujeto no siempre busca el bien o el placer.
Hay un más allá del principio del placer con
el que el sujeto se satisface de forma paradójica.
Esto
nos indica que el cuerpo en psicoanálisis tiene
un estatuto propio. No es el organismo, ni el cuerpo de la
medicina, ni la sede de complejas reacciones bioquímicas
producto de los neurotransmisores. El cuerpo del psicoanálisis
es el cuerpo atravesado por el lenguaje que transforma el
instinto en pulsión.
Breve recorrido por Lacan
Nos ayudará a entender este planteamiento hacer un
repaso a la concepción lacaniana del cuerpo. El recorrido
de Lacan en su conceptualización de lo que es un cuerpo
va variando, entre otras cosas, en función del lugar
que ocupan los tres registros, I, Sy R mediante los cuales
explica el aparato psíquico. Estas instancias ocuparán
posiciones diferentes a lo largo de su enseñanza, que
no se excluyen las unas a las otras sino que se van complementando
y confluyen en el en el anudamiento borromeo de las tres.
En
la primera época de su enseñanza Lacan aborda
el cuerpo en su trabajo sobre el Estadio del Espejo de
1949 es decir a partir de la imagen. Este esquema describe
un hecho estructural, no neurológico. En él nos
describe como el niño percibe a la edad de 6 a 18 meses
la imagen unificada de su cuerpo en el espejo y la reconoce
como propia, dándole a esta imagen el estatuto del yo.
La unificación viene dada por la imagen especular y
por la mirada del adulto que la sostiene. Tenemos pues en el
espejo el Yo ideal y en el Otro, el Ideal del yo. La mirada
del Otro supone todos los significantes y los emblemas que
lo acompañan. Por ello pues este proceso requiere de
lo imaginario del espejo pero también de lo simbólico
en el Otro. Resumiendo, el estadio del espejo representa la
trasformación que sufre un sujeto cuando asume una imagen,
trasformación que se llama identificación.
Más adelante en el texto de 1960 Observación
sobre el informe de Daniel Lagache introduce el esquema óptico
en el que incluye dos espejos el cóncavo y el plano
y completa la propuesta del Estadio del espejo. Esta tomado
de un experimento de Bouasse por el cual si colocamos en
el centro de la curvatura de un espejo, un florero vacío
que oculta un ramillete de flores invertido , colocándonos
en un lugar preciso veremos la imagen del ramo sobre el jarro.
Lacan invierte los elementos , coloca el jarro debajo y las
flores encima , añade un espejo plano y el espectador
situado en el borde del espejo esférico verá la
imagen virtual formada en el espejo plano, del jarro rodeando
las flores. La imagen del florero invertido es una metáfora
del interior del cuerpo del que el sujeto no puede ver más
que los orificios, y el experimento muestra como el sujeto
no ve directamente la imagen si no es a través del
espejo plano A, lugar del Otro.

En
esta primera parte, vemos como Lacan aunque da prevalencia
a lo imaginario en la construcción de un cuerpo, propone
dicha construcción no solo desde la imagen sino desde
los tres registros, lo imaginario en el espejo, lo simbólico
en el Otro y lo real en aquello que queda por fuera de la imagen,
en el ramillete de flores. Tenemos pues la imagen del cuerpo
devuelta por el espejo, cuerpo imaginario, el cuerpo que la
mirada del Otro devuelve con su deseo, sus emblemas significantes,
cuerpo de lo simbólico, y por último, lo real
del cuerpo que no es especularizable.
A partir de Función
y Campo de la palabra
y del lenguaje de 1953 Lacan da más énfasis
al papel de lo simbólico para la construcción
de un cuerpo. Aunque hay una cohesión en el organismo
producida tras la unificación que se produce a través
de la imagen en el espejo, para que el organismo se convierta
en un cuerpo hace falta que el significante introduzca el
Uno. Este Uno del significante, pone freno al goce, lo humaniza,
lo limita y lo extrae del cuerpo quedando localizado en los
objetos a. El significante extrae el goce del cuerpo,
que solo persiste en el goce de la pulsión.
El cuerpo
en psicoanálisis es el resultado de la modificación
que el lenguaje introduce en el organismo. Hay pues una construcción
del cuerpo por el significante que extrae el goce del cuerpo
que queda aislado fuera del cuerpo, en los márgenes
o bordes que recorta la demanda del Otro. Ese goce pulsional,
es lo real del cuerpo. Está localizado en el plus de
goce, que es como una recuperación de goce, y que exige
para su constitución la operación previa de vaciado
que produce el lenguaje.
Más adelante Lacan en Radiofonía 1970
vuelve a insistir sobre la importancia de lo simbólico
en la constitución del cuerpo y dice que es el cuerpo
de lo simbólico el que hace cuerpo al primero, al extraer
el goce . Lo incorporal pues, (lo simbólico), marca
al cuerpo. Para ese cuerpo (de lo simbólico) , dice
Lacan es secundario que el cuerpo esté vivo o muerto
, y pone el ejemplo de la sepultura en donde e l cuerpo muerto
guarda lo que al viviente otorgaba el carácter “corps:
cadáver” es decir que el cuerpo viviente ya estaba “cadaverizado” por
el significante al que había incorporado y solo por
esa cadaverización o mortificación significante
del goce, el cuerpo es, y por consiguiente podemos decir que
tenemos un cuerpo. El sujeto está antes del cuerpo y
permanece después, en lo simbólico de la sepultura,
del nombre.
Por todo ello podemos afirmar que el cuerpo está separado
del sujeto y no hay que confundirlo con él, como parece
ocurrir en algunas de las presentaciones sintomáticas
individuales o sociales de hoy en las que a falta de una identidad
, el cuerpo viene a representar al sujeto. El sujeto en muchas
ocasiones se presenta como un cuerpo. Es frecuente en el obsesivo
que tan difícil es de apartar del dominio de la mirada,
o en la histérica que se sostiene como puede en el narcisismo
fálico. Pero el sujeto no es el cuerpo, sino que tiene
un cuerpo, con el que mantiene una relación nada simple.
Por último y para acabar este breve recorrido
yendo al seminario 23 titulado El Sinthome (1975-6),
Lacan insiste en que la relación del hombre con su cuerpo,
depende enteramente de que el hombre dice que él tiene
un cuerpo. Lo posee, como un mueble. Esto no tiene nada que
ver con el sujeto, que se define por estar representado por
un significante para otro significante. El sujeto es un efecto
de discurso y al cuerpo lo posee, pero no se confunde con él.
En este seminario Lacan nos pone un ejemplo interesante que
nos permitirá entender como progresivamente ha ido nivelando
los tres registros: I, S y R sin que haya predominio de ninguno
de ellos. Si en el estadío del espejo daba relevancia
a lo I, y en Función y campo a lo simbólico,
aquí los tres registros son iguales, lo importante es
que se anudan de forma borromea, con un 4 nudo suplementario
edípico o no. De estas concepciones no debemos deducir
que una sea opuesta de la otra, sino que para vertebrarlas
a todas hay que tener presente los tres registros : es decir
que en el cuerpo tenemos lo Imaginario, lo Simbólico
y lo Real.

Veamos el ejemplo. Stephen Dedalus el protagonista del “Retrato
del artista adolescente “ de J Joyce, sufre una paliza de unos
compañeros tras una discusión acerca de quien
era el mejor poeta vivo. Stephen defendía a Byron mientras
que el otro, un tal Heron, defendía a Tennyson. Lo curioso
es que poco tiempo después de sufrir esa paliza, el
no estaba resentido y todo su dolor desapareció como
cuando una cáscara de plátano se desprende del
fruto. Esa relación con su cuerpo, es la que Lacan destaca
, ya que la forma como él deja caer la relación
con el propio cuerpo le parece sospechosa . Este desprendimiento
se debe a que el redondel I se suelta por no estar anudado
con los otros dos .Aunque luego Joyce construye un anudamiento
suplementario, el ego que es la idea de si mismo como cuerpo,
que liga lo simbólico con lo real y restaura el nudo,
haciéndolo mediante su escritura cada vez más
vaciada de sentido, y su nombre inscrito en la cultura como
nombre común y el”embellecerse” es decir restaurar cierta
prestancia narcisista.

El sujeto posee al cuerpo
Recientemente leí una entrevista al cirujano francés
que hizo por primera vez un trasplante de la cara de un donante
a la mujer que fue atacada por su perro que le comió el
rostro mientras dormía profundamente tras haber tomado
somníferos. El entrevistador le preguntaba si la paciente
se reconocía tras la operación y el cirujano
respondía que solo se sintió extraña los
primeros días pero que enseguida se reconoció a
si misma, porque la identidad de una persona -explicaba él-
está formada por la identidad social ( la del discurso
o simbólica ), la identidad craneana ( la real ), y
la individual (la simbólica e imaginaria) .
Me pareció muy interesante la entrevista por las resonancias
que tiene con el tema de nuestra Jornada de hoy, así como
la respuesta del cirujano que podemos perfectamente entender
desde el psicoanálisis lacaniano , y que lo que llamamos
subjetividad no es el cuerpo, sino que la proporciona el anudamiento
de los tres registros. Mediante este anudamiento, un sujeto
puede sustituir sin demasiados problemas un rostro por otro.
Sin embargo cuando esto no es así, ocurre que el sujeto
no posee el cuerpo, y en ocasiones el sujeto es poseído
por el cuerpo , suplido por él o por parte de él.
Explicaré a continuación un ejemplo de un analizante
al que atendí hace años, que inesperadamente
entra en una crisis subjetiva en la que profundamente angustiado
siente su imagen extraña y no la reconoce como propia.
Este joven adulto, era el mayor de tres hermanos, una hembra
y un varón. Su madre sufrió una crisis depresiva
tras el nacimiento de su hijo menor y él la suplió ocupándose
de este hermano -cinco más joven que el . Esta coyuntura
marcó probablemente sus intereses profesionales posteriores
ya que siempre le gustaron los niños y su educación
y trabajaba en una institución psicopedagógica
donde tenía a su cargo a adolescentes con dificultades
escolares y comportamentales. Definía a su madre como
una persona débil a la que se identificaba cuando afirmaba “que él
tenía un sistema nervioso débil”. Su padre ,
por el contrario era valiente pero distanciado de la familia
y del paciente.
El analizante, aunque se definía como introvertido,
débil y muy inseguro recordaba su infancia como una época
feliz. Era el primer varón de la familia , guapo, inteligente
y todos estaban muy contentos con su llegada. Sin embargo tuvo
un duro choque con la realidad que situaba en la pubertad.
A los 11 años sufrió una caída y se rompió dos
dientes superiores. Esta pérdida se produjo en plena
crisis puberal, y complicó mucho este período
al significar un quebrantamiento de la imagen ideal de su infancia.
Lo pasó mal, estaba triste y angustiado y ahora, a posteriori
relaciona su malestar con esta pérdida narcisista.
A los 18 años su madre lo llevó al dentista
a ponerse unas fundas en los dientes rotos. Ella se preocupaba
mucho de la imagen de su hijo, de su salud, y de su cuerpo
ya que el representaba , todo lo que hubiese ella hubiese querido
ser. Nunca se sintió del todo satisfecho con estas fundas
que consideraba mal colocadas , pero no fue hasta unos 10 años
después que decidió cambiárselas, cuando
hacía poco tiempo que se había casado.
Lamentablemente las fundas no quedaron como él esperaba,
no estaban perfectas . No se lo había dicho a casi nadie
y temía que se notasen y estar feo. Esta preocupación
fue tomando tal intensidad que se encerró en casa y
no quería abrir la boca, ni hablar para que nadie viera
las fundas, y pensó seriamente en quitarse la vida.
No podía mirarse al espejo ya que no se reconocía
en él y la imagen que éste le devolvía
le producía horror. No era él, solo veía
las fundas mal colocadas resaltando en una boca que le era
extraña.
Él explica que se siente muy mal por su fealdad , que
se odia a si mismo y que aunque objetivamente su vida es satisfactoria,
a él subjetivamente no le parece así. En ese
momento intervengo explicándole cómo hay una
excesiva distancia entre él y sus ideales, entre su
yo y su ideal del yo. El paciente me corrige diciendo que el
problema no es ese, sino que es aún más complejo,
ya que él no tiene ideal del yo, no tiene referencias
a las que dirigirse por eso sufre tanto. Es cierto que este
paciente está aplastado en una relación imaginaria
con la madre, a-a' del estadio del espejo, y que la constitución
del Ideal del yo, elemento tercero que podría liberarle
de esta posición , no se ha constituido normalmente.
El ideal del yo, es el elemento simbólico que saca al
hijo de la posición primigenia y regresiva con la madre
y lo introduce en un lazo social, y como en este caso esto
no se ha producido, apreciamos un repliegue sobre la figura
del yo ideal , identificación a la debilidad materna,
a la fealdad.
El mandato materno de ponerse fundas, además de reconstruir
su dentadura, en mi opinión remite a una intromisión
materna en su sexualidad, en su masculinidad, (¿prohibición
de la paternidad?) que aparece y se despliega en su análisis,
pero también preserva, palabra con la que tiene evidentes
resonancias el significante funda . Un recuerdo del paciente
confirma dicha hipótesis: cuando el paciente empezó a
salir con chicas su madre estaba obsesionada con su sexualidad,
le advertía de los peligros del sexo y era la que le
compraba los preservativos. Recuerda además una frase
de su madre, cuando acababa de tener a su hijo menor y se encontraba
muy deprimida. “es mejor no traer hijos a este mundo”
La estructura de este sujeto, sostenida por las fundas protectoras,
se desmorona tras el intento fallido de mejorar su imagen.
Estas fundas, prótesis no solo de sus dientes sino de
la estructura misma , las podemos situar, como en el caso de
Joyce, como un anudamiento suplementario, no edípico,
que restituye el fallo de lo imaginario.
En esta suplencia podemos situar los tres registros: el imaginario
de mejora de la propia imagen, el simbólico, que lo
preserva de los peligros del sexo y el real por la consistencia
material de la prótesis. Las fundas le permiten tener
un cuerpo, que se convierte en algo extraño, ajeno,
cuando no funcionan como prótesis suplementaria.
Bibliografía:
Lacan,J.: "El estadío del espejo como formador
de la función del yo (je) tal y como se nos revela en
la experiencia psicoanalítica." 1949. Escritos. Siglo
XXI.
Lacan,J.: "Función y campo de la palabra y del
lenguaje." 1953. Escritos. Siglo XXI.
Lacan,J.: "Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache:
Psicoanálisis y estructura de la personalidad." 1960.
Escritos. Siglo XXI.
Lacan,J.: El sinthome. Seminario 23. Ed. Paidós. 1975-6
Soler,C: L' en-corps du subject. 2001-2002. |
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Mesa
III - El cuerpo y la imagen. Los cambios en la concepción
estética actual y su incidencia en nuestras vidas. |
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Algunas
reflexiones sobre la transexualidad
Manuel
Baldiz
1) ¿Por qué una ponencia sobre
transexualidad?
Hasta hace relativamente poco mi vinculación con este
asunto era más bien escasa, pero una serie de cuestiones
me han ido aproximando al tema.
Por un lado, un creciente
interés por el debate alrededor
de los conceptos de sexo y género, al respecto del cual
vale la pena leer el libro compilado por Silvia Tubert “Del
sexo al género, los equívocos de un concepto”(1),
y por otro lado, la progresiva emergencia de la supuesta crisis
de la masculinidad contemporánea, la desorientación
cada vez mayor de muchos sujetos masculinos, digámoslo
así, sin precisar demasiado, aunque podríamos
utilizar algunas metáforas más poéticas
y cinematográficas como El último mohicano,
o La
increíble historia del hombre menguante.
Simultáneamente, en los últimos
tiempos me he visto invitado a participar en algunas actividades
a título
de “excombatiente” de la llamada anti-psiquiatría.
En una de esas actividades, hablé, como de un hito
histórico
a tener en cuenta, del movimiento de liberación homosexual
y del “Documento de los 24” que firmamos en 1976 un grupo
de profesionales de la salud mental solicitando la des-penalización
y la des-psiquiatrización de la homosexualidad. Un
joven activista del movimiento “Trans” aprovechó esa
referencia histórica para interpelarme acerca del
trastorno de identidad de género. Tuve que admitir
mi escaso conocimiento del tema, pero como soy alguien eminentemente
curioso y siempre he sostenido aquello de que el saber no
ocupa lugar (aunque en realidad si que lo ocupa, pero ese
ya sería otro
gran tema) he hecho un verdadero “intensivo” sobre la cuestión “trans” y
también una verdadera inmersión en la llamada “teoría
queer” que hasta entonces conocía sólo de manera
indirecta.
Por otra parte, es indiscutible que la temática “trans”y
la teoría queer están cada vez más presentes
en los medios de comunicación: por citar sólo
unos cuantos ejemplos, el reciente pase por televisión
de la película Normal, la soirée con
Judit Butler en París en la Escuela de los Foros del
Campo Lacaniano, el caso “mediático” del embarazo
de Thomas Beatie (biomujer que había pasado a ser
hombre y ahora va a tener un hijo), e incluso la película
argentina XXY aunque
trata de un caso de hermafroditismo (lo cual nos llevaría
al asunto del “intergénero”, muy interesante también).
No
me considero un experto en el tema “trans”, pero no ser
un experto puede constituir también cierta ventaja.
Quiero decir que, a veces, por desgracia, cuando uno alcanza
el estatuto de supuesto experto ó especialista en algo,
es cuando deja de formularse preguntas, cuando cierra su deseo
de saber.
Y justamente una de las cuestiones que resultan
más
atractivas de la cuestión “trans” es el hecho de que
suscita numerosas preguntas.
2) La llamada “disforia de género”
El pasado 17 de mayo me invitaron a participar
en una jornada multidisciplinar sobre la disforia de género (2). La
categoría de “disforia de género” ó “trastorno
de identidad de género” (del DSM-IV) supone que si un
sujeto de un determinado género manifiesta el deseo
de vivir como otro género sufre necesariamente un trastorno
psicopatológico. Para algunos esa suposición
implica una estigmatización y una injerencia del discurso
medico en cuestiones de pura libertad individual. Pero para
otros es el único modo, por el momento, de poder acceder
a unos protocolos de reasignación hormonal y/ó quirúrgica
de sexo.
Hablé en esa jornada de las posibles
semejanzas y/ó diferencias
entre haber firmado el “documento de los 24” en 1976 para
la des-patologización de la homosexualidad y la opción
de firmar (o no) en el 2008 un manifiesto para pedir
la retirada del trastorno de la identidad sexual de los manuales
médicos y psiquiátricos. Han pasado más
de treinta años, que no es poco, pero, más
allá de
la cuestión temporal, creo que se puede establecer
un paralelismo entre los dos movimientos, y no tengo la menor
duda de que, más pronto ó más tarde,
se conseguirá la deslegitimación del trastorno
de identidad de género. No obstante, hay que ser conscientes
también de algunas diferencias. En aquel caso, con
aquella reivindicación concreta, lo que se solicitaba
(y se consiguió, aunque persistan aún hoy en
día
numerosos prejuicios) era la no estigmatización de
una elección de deseo, una orientación sexual.
Lo que ahora se reivindica tiene –como veremos enseguida–
más
complejidad, más consecuencias, e incide en ámbitos
(farmacológico, jurídico, quirúrgico
incluso) que en el caso de la homosexualidad no estaban concernidos.
3)
Disidencias sexuales y psicoanálisis
Hay que tratar
de abordar y desmontar algunos malentendidos que se han ido
produciendo entre la teoría y la práctica
psicoanalíticas por un lado y los movimientos transexuales
y la teoría “queer” por el otro; al menos intentarlo,
por muy difícil que sea.
Una de las grandes subversiones
del descubrimiento freudiano consiste en separar radicalmente
la pulsión sexual de
cualquier determinismo natural ó biológico. Desde
esa perspectiva el psicoanálisis no debe sorprenderse
en absoluto ante la existencia de sujetos cuya convicción íntima
de identidad no coincide con el sexo anatómico.
No
obstante, el psicoanálisis se pregunta por la causa
de esa posición subjetiva. Y debe quedar claro que preguntarse
por la causa de algo no necesariamente implica considerar como “patológico” a
ese algo. Esa confusión ha creado malentendidos. El
psicoanálisis se resiste a aceptar causas biológicas
puras. En el registro humano no hay causalidad biológica
pura, por fuera del lenguaje y de una historia subjetivada
y simbolizada.
Freud fue uno de los primeros científicos
de Occidente que cuestionó que la homosexualidad fuese
una enfermedad. Pero además fue probablemente el primer
intelectual de la historia que planteó también
la heterosexualidad como algo problemático. En ese sentido
vale la pena recordar una cita del propio padre del psicoanálisis
en la que decía: “En el sentido del psicoanálisis,
ni siquiera el interés sexual exclusivo del hombre
por la mujer es algo obvio, sino un problema que requiere
esclarecimiento” ("Tres
ensayos de teoría sexual") (3)
Lacan se opone a toda
concepción psicológica
del desarrollo psicosexual entendido como un proceso de normalización
que llevaría al sujeto hasta un final maduro y saludable.
En numerosas ocasiones critica el ideal del amor genital, del
que se burla llamándolo por ejemplo “amor médico”,
es decir en consonancia con la ideología de la medicina.
En Lacan la sexualidad es inseparable de la
existencia del inconsciente. Cuando se debate sobre si la sexualidad
es algo natural ó cultural, el psicoanálisis lacaniano
introduce una perspectiva diferente puesto que el inconsciente
no puede considerarse biológico pero tampoco como algo
meramente cultural ó social.
Tal y como explica muy
bien Javier Saéz en su libro
sobre teoría queer y psicoanálisis (4) hay numerosas
críticas desde el mundo “queer” a la teoría psicoanalítica
respecto de su modo de conceptualizar a los sujetos y sobre
todo la posición sexual de los mismos. Algunas de esas
críticas son justas, pero otras completamente erróneas.
Didier Eribon, por ejemplo, critica duramente al psicoanálisis
como un discurso homofóbico y heterocentrado y considera
que las alusiones de Lacan al supuesto declive del padre suponen
una tentativa implícita de restablecer el orden masculino
y heterosexual.
Sus críticas tienen algo más de sentido cuando
las dirige a algunas declaraciones de analistas franceses en
los mass-media en debates sobre la ley de parejas de hecho
y acerca de la adopción. Algunos analistas declaran
que forzosamente tiene que haber un padre y una madre como
doble punto de referencia para el origen del niño y
auguran catástrofes psicológicas si ello no
se cumple.
Judit Butler (sobre todo en “Cuerpos que importan”)
reprocha a Lacan que pregone la heterosexualidad como modelo
para el sujeto. Uno de los problemas es que Butler confunde
reiteradamente ego y sujeto, y muchas de las citas que menciona
de Lacan o son erróneas o no son citas directas
sino que están
mediatizadas por otros autores, sobre todo a través
de Slavoj Zizek.
El concepto que más rechazo ha producido en el feminismo
y en la teoría queer es el falo. Se confunden en exceso
el pene y el falo.
El Lacan que leen, estudian y critican
los teóricos
queer es, sobre todo, el Lacan estructuralista, en detrimento
de todo un desarrollo posterior de la enseñanza lacaniana
en donde, sin abandonar por completo la noción de estructura,
se centró más en el campo del goce. Lacan no
conceptualiza la sexualidad en términos de género
sino en términos de goce.
Los teóricos “queer” se interesan especialmente
por los llamados post-estructuralistas: Foucault (del que toman
sobre todo su análisis de las relaciones de poder
y su Historia de la sexualidad), Deleuze, Guattari
y Derrida. De éste último utilizan conceptos
esenciales como “deconstrucción”, “différance” y
sobre todo la performatividad. Una consecuencia de la deconstrucción
que será muy útil en el pensamiento “queer” es
el desmontaje de las oposiciones binarias homo/hetero, hombre/mujer,
y naturaleza/cultura. Judith Butler insistirá especialmente
en el carácter performativo de las designaciones de
género. Desde esa perspectiva, los enunciados de género
no son descriptivos. Expresiones como “¡es un niño!” ó ¡”es
una niña!”, en el momento del parto, son actos performativos
basados en convenciones de género.
Está claro que la transexualidad y la teoría “queer”,
al cuestionar el binomio sexo-género y forzarnos a pensar
a fondo la sexuación de los seres humanos, deben interesar
por fuerza a todos los psicoanalistas y a los estudiosos del
psicoanálisis, incluso a aquellos que a lo mejor no
se encontrarán nunca con un transexual en su consulta.
Butler
se sorprende que en muchas declaraciones de psicoanalistas
reaparece un relato estructuralista de la diferencia sexual
que, según ella, ya está periclitado. Y escribe: “Hay
muchas cuestiones que el psicoanálisis podría
investigar con el fin de ayudar a comprender la vida psíquica
de aquellos que viven fuera del parentesco normativo o en una
mezcla de parentesco normativo y no normativo” / “Ésta
es la ocasión no sólo para que el psicoanálisis
repiense sus propias nociones de cultura (...) sino para que
el nuevo parentesco y los nuevos acuerdos sexuales fuercen
a repensar la cultura misma” (5).
Acaba haciendo una especie
de reto a los analistas cuando concluye: “Todavía no hemos visto un intento psicoanalítico
de tener en cuenta estas formaciones culturales en las cuales
ciertas nociones vacilantes de la orientación sexual
son constitutivas” (6).
Por fortuna, las cosas están cambiando, y ya hay algunas
tentativas psicoanalíticas serias de incorporar esas
cuestiones. Por poner un solo ejemplo, tenemos los lúcidos
trabajos de Jean Allouch, algunos de los cuales pueden encontrarse
en Internet (7).
4) El estatuto de la convicción transexual
La
convicción transexual es una creencia que contradice
el sexo anatómico y la asignación de género.
Lo que denominamos identidad sexual implica siempre algo del
orden de la creencia. Un sujeto, desde su más tierna
edad, se identifica como niño ó como niña
sobre todo porque sus padres y su entorno se lo dicen, no sólo
de manera explícita sino a través de innumerables
matices discursivos y de comportamiento que se derivan a su
vez de sus creencia y de sus deseos, lo cual se verifica en
aquellos casos extremos en los que se produjo un error a causa
del aspecto ambiguo de los órganos genitales. Habitualmente
dicha creencia se mantiene y se consolida, y las eventuales
discordancias reales ó fantaseadas pueden implicar angustias
(por ejemplo en la adolescencia) pero no hacen mella en esa
creencia básica. En el caso del transexual, por el contrario,
hay una creencia que se opone al cuerpo y al discurso de la
familia. Patricia Mercader considera que dicha creencia es “un
deseo del sujeto, deseo que él toma como la verdad”. “En
ese sentido, la convicción de que uno no es de su sexo,
sino del otro, proviene del terreno de la ilusión ó del
delirio” (8).
De hecho, es llamativo que se priorice (incluso
desde el discurso médico-quirúrgico) esa convicción íntima,
indemostrable, invisible, frente a la supuesta evidencia cromosómica,
anatómica ó fisiológica. En esa perspectiva,
el pretendido “cambio de sexo” no es más que un cambio
de apariencia, dado que el sujeto ya se siente del otro sexo.
La
mayoría de los analistas que se han ocupado del
tema han tendido a interpretar la demanda de cambio de sexo
como una demanda propia de una estructura psicótica.
En términos lacanianos, y en el caso concreto del pasaje
de hombre a mujer, la interpretación dice que se trata
de un sujeto psicótico, en el que a falta del Nombre-del-Padre,
su identificación a “La Mujer” anuda lo simbólico
y lo imaginario, pero deja suelto lo Real, y la demanda de
corrección quirúrgica vendría a anudar
lo Real con los otros dos registros.
Las referencias explícitas de Lacan a
la transexualidad son escasas. La mencionó en la sesión
del 8 de diciembre de 1971 de su seminario Ou
pir, refiriéndose
al “error común sobre el falo” y diciendo que el transexual
se equivoca sólo en una cosa, en querer forzar el
discurso sexual por medio de la cirugía. En su escrito “Ideas
directivas para un congreso sobre sexualidad femenina” habla
del “delirio del transexualista masculino”, pero no lo desarrolla
(9).
Moustapha Safouan, en 1974, y siguiendo a Lacan,
escribe que el transexual masculino tiende a la castración real
porque no experimentó la simbólica.
Algunos años más tarde, Catherine Millot sostiene
que el transexual se ubica simultáneamente “fuera-del-cuerpo” y “fuera-del-sexo”.
Irene
Foyentin (1987), también dentro de una perspectiva
lacaniana, se niega –no obstante– a considerar de entrada a
todos los transexuales como psicóticos.
Agnès Oppenheimer (1980), orientada por fuera del análisis
lacaniano, cree que los transexuales buscan convertirse en
mujeres para anular retrospectivamente el trauma de haberse
sentido, cuando eran niños, varones fracasados, rechazados
especialmente por el padre porque no eran suficientemente viriles.
En ese conflicto con el padre, el varón vuelve su odio
contra sí mismo y especialmente contra la parte de sí mismo
que representa al padre, su pene.
Una vez hecho este recorrido
muy rápido sobre algunas
teorizaciones analíticas del fenómeno “trans”,
podemos regresar a las polémicas más actuales
y a su resonancia en lo social. Conviene precisar que en los “transgéneros” actuales,
no siempre aparece de una forma tan radical esa idea convertida
casi en un tópico de ser un “alma” en un cuerpo equivocado.
Y tampoco siempre los transexuales desean llevar hasta el final
el proceso de reasignación de sexo.
El punto más delicado desde una perspectiva psicoanalítica
clásica es, sin duda, la aceptación (ó no)
de la demanda de que cualquier sujeto pueda acceder a la cirugía
con el fin de cambiar sus genitales.
El contra-argumento lo
encontramos expresado de muchas formas diversas pero puede
ilustrarse muy bien con un párrafo
tomado del Manifiesto contrasexual de Beatriz Preciado: “La
contrasexualidad denuncia el control de las prácticas
transexuales por las instituciones públicas y privadas
de carácter estatal heteronormativo que imponen el cambio
de sexo de acuerdo con modelos anatómico-políticos
fijos de masculinidad y feminidad. No hay razón política
que justifique que el Estado deba ser garante de un cambio
de sexo y no de una cirugía estética de nariz,
por ejemplo” (10).
Hay que tener muy presente que no se requiere
ninguna certificación
psiquiátrica para la mayoría de intervenciones
de la llamada cirugía estética (por importantes
que sean), ni tampoco para la ingestión de estrógenos
en la menopausia. Desde esa perspectiva, aquellos que abogan
por un acceso directo a las técnicas de reasignación
de sexo consideran que las intervenciones que requieren de
un profesional de la salud mental cuando se desea hacer una
transición de género introducen una estructura
paternalista en el proceso y minan la autonomía personal.
Ubicado
así el “problema”, y en una primera aproximación
a la cuestión, el psicoanálisis puede ayudar
a pensar porqué para el legislador el sexo es una parte
diferente del resto del cuerpo, y porqué a muchos ciudadanos
de a pie una solicitud semejante puede parecerles poco menos
que aberrante.
No obstante, siguiendo con este mismo punto
de la reasignación
quirúrgica, está claro que confinamos con una
cuestión política, cuando no filosófica,
en la encrucijada misma entre las libertades individuales y
la organización social.
5) Algunas conclusiones provisionales
I-Entiendo
que el psicoanálisis puede apoyar abiertamente,
sin renunciar a sus principios fundamentales y a su ética,
que cualquier sujeto pueda cambiar su nombre y optar por un
nombre de un género diferente al de su condición
anatómica inicial. Impedir dicho cambio en el nivel
legal ó bien exigir que sólo sea factible después
de un largo proceso médico-psiquiátrico-quirúrgico
es una injusticia absoluta. El psicoanálisis además
nos enseña que en algunos casos permitir el cambio de
nombre en el registro civil es una operación simbólica
tan ó más efectiva que la operación quirúrgica,
y con muchos menos riesgos.
II-Respecto de otra reivindicación de los “trans” que
es la des-regularización de los tratamientos hormonales,
y estableciendo un posible paralelismo con la política
de legalización de las drogas, cualquier ciudadano debería
tener derecho a acceder al uso de sustancias más allá de
las restricciones completamente arbitrarias ejercidas desde
el poder médico.
III-Por lo que se refiere a las intervenciones
quirúrgicas,
no tengo aún una opinión bien fundada, y en todo
caso puedo reconocer en mí (y en algunos de mis colegas)
algún prejuicio derivado del rechazo que me (nos) causa
la utilización cada vez más extendida de la cirugía
como un síntoma muy significativo de nuestra contemporaneidad.
No
obstante, transitando algunos textos y algunos testimonios
alrededor de dicha cuestión, y constatando la existencia
de un “sufrimiento” indiscutible en bastantes de los casos,
pienso que sería muy útil implementar alguna
fórmula en la cual no se psiquiatrizasen las demandas
de reasignación quirúrgica pero, no obstante,
pudiese haber en dichos procesos algún tipo de soporte
de palabra en espacios de escucha analítica y de elaboración
subjetiva.
IV-La transexualidad es un campo plural. Sería más
correcto hablar de transexualidades y de transgéneros.
Existen
los M2F (male to female) y los F2M (female to male): de éstos últimos se habla mucho menos en los
textos. También están aquellos/as que reivindican
el proceso mismo de la transición y la ambigüedad.
Es
un campo plural también en cuanto a la estructura
inconsciente. No todos son psicóticos, ni siquiera si
aplicamos la dualidad estructural lacaniana clásica.
Pero además, a la luz de estos fenómenos crecientes
y de otros síntomas actuales, una nueva conceptualización
de la clínica se nos impone cada vez con más
fuerza. El subconjunto de los llamados “inclasificables” se
está haciendo sospechosamente voluminoso.
En la inercia
de considerarlos a todos psicóticos gravita
aún de un modo excesivo la influencia del caso Schreber
(11), y la presencia tan evidente en dicho caso (paradigma
de la psicosis para el psicoanálisis) del llamado “empuje
a la mujer”.
En una época no muy lejana, tuvimos que esforzarnos
para denunciar el “a priori” demasiado simplista que igualaba
toda homosexualidad a la posición perversa. Ahora estamos
iniciando un proceso semejante respecto de la transexualidad
y la psicosis.
V- Hay que tener muy en cuenta, en las últimas décadas,
que la “yatrogenia” (en relación al discurso médico)
y la “mediagenia” (en relación a los mass-media) actúan
como ingredientes indiscutibles de cierta explosión
numérica y estadística de las demandas de transexuales.
Con la oferta técnica (cada vez más mejorada)
de poder cambiar de sexo, se crea más demanda. Y cuanto
más se exponen los “trans” en los medios de comunicación,
más posibles efectos de mimesis se crean en determinados
sujetos.
El sentimiento de no sentirse cómodo respecto del sexo
anatómico, y el deseo subsiguiente de cambiar de sexo,
existieron desde siempre y en todas las culturas. Sin embargo
el transexualismo sólo existe en su forma actual en
la medida en que queda recogido dentro de un discurso teórico,
médico y mediático, y se establece una dinámica
de retroalimentación con el perfeccionamiento de las
técnicas quirúrgicas. Por otra parte, no podemos
ignorar que la relación de todos los sujetos con su
propio cuerpo está experimentando profundos cambios,
aunque dicho asunto merecería una reflexión
que ahora no podemos acometer.
VI- Al hilo de todo lo anterior,
hemos de apostar por un psicoanálisis
que no sea catastrofista ni moralista en lo que se refiere
a las nuevas demandas que aparecen en lo social. No hagamos
como aquellos científicos ingenuos del sigloXIX que
pronosticaban que el cuerpo humano no resistiría velocidades
de más de treinta kilómetros por hora. Pero tampoco
nos acomodemos sumisamente a cualquier nueva situación
tratando de parecer más modernos que nadie.
VII- Hemos
de intentar tender hacia un psicoanálisis
que no sea solamente “gay-friendly” (amistoso con lo gay y
lo trans) porque se supone que eso es lo políticamente
correcto en los tiempos actuales. El psicoanálisis que
nos debe interesar es aquel que, sin abandonar su ética
propia, esté dispuesto a debatir cuestiones fundamentales
que trastornan a los sujetos, teniendo muy en cuenta a los
marginados y a los marginales, incluso a los que juegan en
los márgenes, y también de algún modo
a los “parias”, a aquellos que ni siquiera gozan de los mismos
derechos que los demás ciudadanos. Un psicoanálisis
que no tenga miedo de releer una vez más a Foucault
ni de polemizar y buscar puntos de encuentro y de debate con
los combativos teóricos “queer”.
Notas
1-Tuber, Silvia (ed.), Del
sexo al género (Los equívocos
de un concepto), Ediciones Cátedra, Universidad
de Valencia, 2003.
2-“Deslegitimando el trastorno de identidad sexual/ Jornada
de debate por una política de reconstrucción
de las políticas trans”, 17 de mayo de 2008, Centre
de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), Jornada
organizada por la Guerrilla Travolaka con el soporte del
GTMB (Grup de Transsexuals Masculins de Barcelona).
3-Freud,
Sigmund, “Tres ensayos de teoría sexual” (1905),
Obras Completas, Amorrortu editores, tomo VII, p.131-2, nota
13.
4-Saéz, Javier, Teoría Queer
y psicoanálisis,
editorial Síntesis,
5-Butler, Judith, Deshacer
el género,
editorial Paidós,
2006, p. 185.
6-Butler, Judith, op. cit., p.203.
7-Artículos de Jean Allouch como “Avergonzados”, “Lacan
y las minorías sexuales” y “Cuando el falo falta” se
encuentran fácilmente en internet, por ejemplo en http://www.con-versiones.com
8-Mercader,
Patricia, La ilusión transexual, editorial
Nueva Visión, 1997, p.15.
9-Lacan, Jacques, Escritos,
siglo XXI, p. 714.
10-Preciado, Beatriz, Manifiesto
contra-sexual,
editorial Opera Prima, 2002, p.33.
11-Freud, Sigmund, “Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente” (1911),
Obras Completas, Amorrortu editores, tomo XII. |
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Mesa
III - El cuerpo y la imagen. Los cambios en la concepción
estética actual y su incidencia en nuestras vidas. |
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¿Por
qué fascina tanto el cuerpo?
Pilar
Dasí
El cuerpo, sus misterios y sus miserias, nos interroga desde
muchas perspectivas. La pregunta, en esta ocasión, está dirigida
al erotismo.
El erotismo en si mismo, saca la pregunta del
mundo de la razón y nos adentra en los misterios de la complejidad
de la sexualidad humana. Si en algún aspecto es radicalmente
cierto que el ser humano es habitado por una verdad que desconoce
de si mismo y la relación a sus objetos le es desconocida,
es en el campo del erotismo. Si en alguna dirección
se ve claramente lo que postula el psicoanálisis respecto
a la constitución del sujeto, es en el vector que explica
que un significante representa un sujeto para otro significante
y de esa operación se deduce el plus de goce que le
es propio a un sujeto cualquiera.
Un ejemplo. En la película Paris-Texas,
el protagonista le dice a su hermano: ¡Papa estaba
enamorado de una mujer de París!, y tras una escansión,
añade, ¡Texas! y en está escansión
aprehendemos sobre las condiciones eróticas del objeto
y el valor de síntoma que desplegara para su vida, la
del protagonista, esta fantasía inscrita en su realidad
psíquica.
Esta pequeña reseña evidencia que el cuerpo
es algo más que el soporte físico del sujeto,
pues un cuerpo y su erotización transciende la temporalidad
y se adentra en los confines de la atemporalidad del inconsciente.
Un cuerpo erotizado, es un cuerpo pensado.
Los objetos son
intercambiables, pero la sensación
que erotiza es siempre la misma. Cada elección de objeto,
es un retorno al pasado, nos dice Freud, pero esta afirmación
hay que entenderla en su verdadera dimensión. A mi criterio
quiere decir, que las condiciones eróticas de cada uno,
desconocidas para nosotros mismos, hunden sus raíces
en una experiencia de satisfacción perdida para siempre.
Comenzare(1)
por poner un ejemplo sencillo, tomado del cine, y de las
complejidades psíquicas de los partenaires en un caso
de maltrato evidente. Se trata de la película Te
doy mis ojos de Icíar Bollaín y me
refiero, concretamente a la metamorfosis de un cuerpo, que
siendo el mismo se nos presenta en varios registros y concretamente
me quiero referir al impacto que causa en la retina del espectador
las consecuencias del cambio de la posición subjetiva
de una mujer, respecto al antes y después de una decisión
que la incumbe en su ser y que la libidiniza.
Se trata del
cuerpo de Pilar, (Laia Marull), que se erige en el apogeo
de la fascinación del deseo ante el cuadro
de Kandinski. Como una Venus de Botticelli, se renueva, saliendo
de la ola, y este cuerpo es erigido por encima del oleaje del
amor amargo. Venus que nos enseña que en esta imagen
se manifiesta la erección del deseo.
Lo que emerge de
forma fascinante tiene su sitio en la presencia invisible
que da su brillo a la Belleza. Si está allí ante
nosotros, es en tanto que no está allí, sino
investido de todos los atractivos narcisísticos y se
engrandece en cuanto Pilar ha salido ya de la opresión
de una relación desgraciada a la que estaba sujetada
por sus condiciones fantasmaticas y por el uso y abuso que
de ellas hacia el partenaire. Referencia a un artículo
de Carmen Gallano.
Mientras esperamos esta escena, la pantalla
nos da cuenta un cuerpo mortificado por la situación y un cuerpo que
tímidamente se expresa en su incursión en el
mundo laboral y en el de las amistades, de un cuerpo que no
soporta ya la degradación. Vemos el dolor, la angustia,
la vacilación de la protagonista, incluso su sexualidad
en la reconciliación con el esposo a su vez fascinado él
mismo por la perspectiva de la distancia y su miedo a perderla,
pero no será hasta el momento que Pilar nos explica
a Kandinski, hasta el momento en que nos enseña a ver
el cuadro, en esa escena de contraluces sublime que podamos
ver el despliegue de ese cuerpo en toda su dimensión.
Por otra parte, la mirada expectante de él, sostiene
la escena.
Por eso, podemos decir ya sin ambajes que un
sujeto no es carne sino en relación al deseo, al goce y al amor.
Un cuerpo concierne a la incidencia de la incorporación
del lenguaje sobre la libido y sobre el goce.
No en todas
las culturas y en todos los siglos el cuerpo representa unívocamente lo mismo, más bien podríamos
precisar que la forma del cuerpo se presenta como la envoltura
de todos los fantasmas posibles del deseo humano y por eso,
lo que atrae (en el arte, en la literatura, en cualquier manifestación
estética, etc.) no es el cuerpo en si mismo, sino más
bien, la capacidad de saber mirar y ser mirado.
A partir de
aquí, he dividido mi intervención
en 7 partes:
1.- ¿QUÉ ES UN CUERPO?.
Lo
que fascina del cuerpo del otro tiene que ver con la fantasía,
pues lo que fascina es la relación de cada uno con
el objeto.
El cuerpo, pues, es un escenario, un espacio
virtual, un lugar donde se juegan todas las partidas de la
vida. Al cuerpo es la líbido quien lo nombra.
También hay que considerar que cada uno, prestamos
nuestro cuerpo a la libidinización del otro, por la
mediación del Otro. Y es por eso, que Freud puede
afirmar que en la cama, en el encuentro de los cuerpos, hay
al menos cuatro.
He leído hace poco, que lo que hace
del Imperio
de los sentidos, algo fascinante desde el erotismo pero
también desde la pornografía, es simplemente
el encuadre.
Hay una necesidad estructural de que el sujeto
se inscriba en el cuadro para que lo erótico haga
sentir su voz (2).
2.- CONSIDERACIONES SOBRE LA FASCINACION
Cito
las palabras de Pasolini (1.973): "En un momento
de profunda crisis cultural me parece que la única realidad
preservada es la del cuerpo".
La fascinación que
producen los cuerpos, hay que referirla necesariamente a
los elementos que la sostienen. Por ejemplo, el
romanticismo acentúa las obsesiones sádicas
y la dominación y la sumisión. El surrealismo representó un
nuevo aspecto: la expresión de sus fantasías. Las
vanguardias , pertrechadas en el mito de la libertad individual,
se estructuraron a partir de las desigualdades sexuales y sociales.
Si
antes me referí al Imperio de los sentidos,
dos películas vendrían a ilustrar el marco de
enunciación en el que me deslizo. Lo importante es
amar y el uso del cuerpo de Romy Schneider y El último
tango en Paris y el uso del cuerpo de María Schneider.
En ambas películas, la disimetría entre la posición
femenina y la posición masculina es evidenciada. Pero
también, del cuerpo como campo de batalla entre eros
y tánatos, entre el deseo y la destrucción. El
cuerpo es vida y muerte, erotismo y aniquilación, habla
de la duración y del instante.
3.- DISIMETRIA Y EROTISMO.
El erotismo no es inocente: eso lo saben todos los personajes
de Las amistades peligrosas.
Si, como parece cierto,
el erotismo masculino es ante todo visual, tal vez porque,
como decía André Breton, "el
ojo existe en estado salvaje", el éxito del cine
no necesita más explicación. La literatura obliga
a imaginalizar los escenarios, los cuerpos y sus vibraciones.(3)
Me
referiré a Lolita: Lo importante en la estructura
de esta obra, es que tiene todas las características
de la relación del sujeto con el deseo, con el fantasma,
hablando propiamente, neurótico y masculino, pues
muestra el carácter centelleante del deseo mientras
es meditado, mientras que refleja el fracaso de una realidad
evidente.
Por otra parte, lo que está en juego
del lado femenino son otras consideraciones.
Hasta hace poco,
la voz erótica de la mujer se escuchaba
rara vez(4). Hubo que
esperar a la emancipación literaria de la mujer, Marguerite
Duras, Erica Jong, por ejemplo, para aprender algo del erotismo
femenino, el suyo propio y no el atribuido, expresado en palabras
que le pertenecen. Del lado del cine, Portero de noche,
muestra las concesiones que una mujer hace al amor, de si
vida, de sus bienes, de su nombre, de su ser y de su falta
en ser.
Rescato la definición de erotismo que nos proporciona
G. Bataille: El erotismo es "aquello por lo que no
podemos ser reducidos a cosas".
Quizás la artista que mejor supo reflejar la batalla
que sufría en su propio cuerpo, es la mexicana Frida
Kalho. Un cuerpo, para ser un cuerpo no fragmentado tiene que
pasar por la significación edipica. Si ha pasado, entonces
ya se tratará, aún desde la autoreferencia aniquilante,
del encuentro con lo vivo. Otro ejemplo, es Orlam, musa de
lo ciborg.
4.- LA FANTASÍA: SOSTÉN DEL DESEO,
OPERA METONIMICAMENTE SOBRE EL OBJETO MISMO.
Freud
nos dice que la fantasía es un concepto puro
del entendimiento, el desvelamiento de la verdad del sujeto.
Al
respecto, Freud nos dirá que el fantasma inconsciente
es lo que determina para un sujeto su realidad. A través
de él capta el mundo e instituye un Otro para el cual
el $ sabría lo que él es, mediante el cual sólo
le queda repetir indefinidamente situaciones e las que siempre
realiza sin saberlo la misma respuesta.
La dicotomía, el desencuentro estructural podría
resumirse en esta cita: "La incapacidad de satisfacer
una demanda real de amor es uno de los rasgos característicos
esenciales de la neurosis. Hay una antitesis entre realidad
y la fantasía. Cuando el neurótico encuentra
en la realidad aquello mismo que más intensamente desea
en su fantasía, huye presurosamente de ello, entregándose
con tanto mayor abandono a sus fantasías cuanto menos
tiene que temer su realización"(5).
Por eso, al neurótico el fantasma le avergüenza.
5.- EL PERVERSO IMAGINA SER EL OTRO PARA ASEGURAR SU GOCE.
Freud
advierte que las fantasías conscientes de los
perversos, los temores delirantes de los paranoicos, las fantasías
inconscientes de los histéricos y los obsesivos, descubiertas
detrás de sus síntomas, coinciden en su contenido
hasta en detalles aislados.
Lo que llamamos la perversión, es una erotización
de la defensa nos dice J. Lacan.
En definitiva ¿Qué es la perversión?
El deseo perverso se apoya en el ideal de un objeto inanimado.
Cuando realiza ese ideal, el deseo se extingue o el objeto
desaparece.
Del lado del hombre, lo que cuenta, por ejemplo,
no es la celebridad de una actriz, por hermosa e inalcanzable,
sino el hallazgo de una mujer a quien transferir sus habituales
símbolos fetichistas: las medias negras, los zapatos
de tacón alto, según Freud nos enseñó y
Buñuel nos lo mostró en el Diario de una
camarera.
Del lado de la mujer, ella se presta a la perversión
del hombre, por el por-si-acaso, para prepararse para que la
fantasía del hombre encuentre en ella su hora de verdad.
6.- EL CUERPO Y LA MIRADA.
Voy a referirme
a la captura de la mirada que todo cuerpo produce. La mirada
es este objeto perdido, y de repente reencontrado, por la
introducción del otro. ¿Qué intenta
ver el sujeto?. Intenta ver el objeto en tanta ausencia, para
poder dar rienda a su fantasía. Lo que se mira es
lo que no se puede ver.
La mirada hay que situarla fuera del
cuerpo, en lo que Sócrates
llama la relación del alma al cuerpo.
El alma es la forma
del cuerpo, pues en tanto organismo libidinal cada uno se
fabrica un territorio fuera del cuerpo donde se despliega el
goce. Es lo que J. Lacan designa bajo el nombre de objeto a,
es lo que nombra como separación constitutiva
del cuerpo y del goce.
Todo acto exhibicionista se plantea
para hacer surgir allí la
mirada, en cuanto a lo que le importa al voyeur es interrogar
en el otro lo que no puede verse. En la, en mi opinión,
magnifica película de Bernardo Bertolucci, Soñadores,
se aprehende perfectamente de que se trata.
Está nuestra mirada como espectadores, está la
mirada del chico americano, está la mirada de cada uno
de los hermanos sobre el otro y está allí, en
una repisa de la bañera la mirada de Lenin o iluminada
desde dentro en forma de bombilla la mirada de Mao, o la mirada
de Marilyn que nos mira desde el cuadro de Delacroix. La mirada
de esa venus, también excepcional, y la mirada final
en las barricadas, donde magistralmente se disuelve el tiempo
y el espacio que va de la Sorbonne a la guerra del Vietnam,
desde el Mayo del 68 hasta las consecuencias de cada acto para
cada uno de nosotros. ¡Ah, y la voz! Desde Janis Joplin
a Edith Piaf, desde ayer hasta hoy, desde lo que fuimos a
lo que somos.
Esta película, nos sorprende mirando tantas películas
al mismo tiempo gracias a la pericia de la historia que nos
cuenta Bertolucci y al respecto, diré que para el que
es sorprendido mirando, todo el clima de la situación
cambia en un momento de viraje, y el que mira se transforma
en una mera cosa, en un maníaco. Ocurre, dice J. P.
Sartre, y J. Lacan lo rescata, que el otro le sorprende a él,
el sujeto que mira, como siendo todo él mirada oculta.
Aquí, en esta reflexión, podemos
de nuevo encontrar las referencias en el cine, en otras películas.
Quizás
la mirada de Nicole Kidman en Eyes wide shut, en
la última
película de Kubrick, podría ser una referencia,
quizás la mirada de Meryl Streep, en La decisión
de Sofie, quizás, en El diablo en el cuerpo,
cuando el protagonista (Gérard Phillipe) que tiene
18 años está leyendo los versos de Antigona
en su examen de graduación y ella, la protagonista
le está mirando
con ese erotismo táctil y auditivo, relacionado con
el contacto que significa proximidad. O el papel de la mirada
en Nueve semanas y media donde Micky Rourke y Kim
Bassinger se encuentran en una situación fantasmatica
excepcionalmente bien contada. O en Instinto básico o
pulsión
fundamental como suelo decir en broma, donde un Paul Verhoeven,
genial despliega la cámara, para capturar los cuerpos
de Michael Douglas o Sharon Stone. O en Rojo, Azul y Blanco,
esa maravillosa trilogía. O en Lo importante es
amar,
donde dos hombres "salvan" a Romy Schneider de
la mirada de una cámara cruel y degradante.
7.- EL CUERPO FORMA EL LECHO DEL OTRO.
Se
ha acusado en ocasiones al psicoanálisis, de no
ocuparse del cuerpo. Yo misma he puesto de manifiesto, citando
a J. Lacan la formula del sujeto: "un significante representa
un sujeto para otro significante".
He dicho que el proceso
creativo, que la creación artística
permite tanto al creador como al espectador o lector aproximarse
a la experiencia única de lo sublime, es decir al hecho
de que la Cosa puede revestirse de dignidad estética
y ética. Una no va sin la otra.
Y es ahora, que quiero
decir que el cuerpo es el soporte de todo esto. Así, pues, la capacidad de plantearse estas
cosas es solidaria con la capacidad del cuerpo en tanto que
cuerpo libidinizado de plantearse más o menos espacio
donde alojar los objetos que cuentan, los del amor, los del
sexo, los del trabajo, los destinados a la reflexión,
los cotidianos, y la propia piel en tanto que objeto devuelto
por el espejo.
El cuerpo forma el lecho del Otro quiere decir
que es el cuerpo, lo que se aprehende del cuerpo propio lo
que da la estructura del Otro, lo que da la verdad de lo
que el Otro es para nosotros, y a su vez lo que el Otro nos
determina en lo que somos. Esa es la alienación fundamental
al Otro.
Porqué no ver, en cada uno de los hermanos
de Soñadores ,
el Otro de cada uno(6).
Por que no ver en la respuesta, ¡suicidio!, a la pregunta
del amigo americano sobre la posibilidad de que los padres
se enteren de la relación entre ellos, el límite
en el que se detiene el Marques de Sade en La filosofía
en el tocador . Por que no entender que la piedra de la
revolución
soñada, ¡Franceses, un esfuerzo más
si queréis ser republicanos! aleja el gas mortífero
de la muerte pensada.
Notas
1.- Como he dicho, el tema podría
abordarse desde muchas perspectivas. Por ejemplo podría partir
de la enunciación misma con la pregunta ¿qué es
un cuerpo?; podría abordar la cuestión desde la consideración
de la palabra fascinación ; podría relacionar
lo que hay implícito
en la pregunta porqué fascina el cuerpo y que se refiere al
erotismo mismo; podría abordar lo que dice Freud respecto al
cuerpo, es decir que un cuerpo para ser un cuerpo no fragmentado tiene
que pasar por la significación
edipica; podría hablar de la fantasía como el sostén
del deseo, que opera metonimicamente sobre el objeto mismo; podría
hablar de cómo el perverso imagina ser el Otro para asegurar
su goce; podría
referirme a la captura de la mirada que todo cuerpo produce; o tal
como lo formula Lacan, podría referirme a lo escópico,
como aquello que nos pone en relación al cuerpo del otro; podría
referirme al fantasma perverso del neurótico que pende como
una cereza del sentimiento inconsciente de culpabilidad; y podría
decir con J. Lacan que el
cuerpo forma el lecho del Otro e introducir así la idea
de que finalmente los cuerpos interesan especialmente en la cama.
2.-
La pintura lo muestra, por ejemplo, en esos cuerpos que sostienen
la mirada melancólica de las mujeres de
Modigliani. Ejemplo: Kiki de Montpanasse.
3.- Esta reflexión nos aleja del
tema, pero no puedo vencer la tentación de mencionar algunos ejemplos
que colocan al cine en una perspectiva y a la literatura, en otra. Nadie se
atrevió a filmar las insólitas cartas de Joyce a su mujer, Nora;
y no hay adaptación alguna de Madame Bovary ni de Ana Karenína que
no haya sido un fracaso; y El amante de Lady Chatterley, de Lawrence
es mucho más que la rudeza sexual del guardabosques. Hay en cambio muchos
ejemplos en los que el cine, sí logra su propósito. Stanley Kubrick
evolucionó hasta Eyes Wide Shut. Las amistades peligrosas,
es otro ejemplo.
4.- En la suave insinuación de El
Cantar de los Cantares, en las historias de la infatigable narradora
de Las 1001 noches, en las Cartas portuguesas... Y, desde
los poemas fragmentados de Safo.
5.- En resumen, la actividad fantasmática
es para Freud una nostalgia del funcionamiento primario, una renuncia a apoyarse
en objetos reales, un consuelo. Los objetos reales son sustituidos por objetos
fantaseados en la neurosis por intermedio de lo pulsional. Esto implica al
concepto de fantasia como una representación no destinada a convertirse
en un acto.
6.- Porqué no deducir que del lado
masculino la perdida del objeto no significa para nada la perdida del amor
del objeto, mientras que del lado femenino, la sólo idea de imaginar
a su Otro, en la cama con otra mujer, la arroja a los abismos de la soledad
más radical.
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Mesa
IV - El tratamiento del cuerpo en la sociedades multiculturales. |
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El
cuerpo es la historia
Vicente
Mira
La tesis básica de Lacan respecto al
cuerpo es que “este
nos es otorgado, atribuido por el lenguaje”.
El cuerpo simbólico
se incorpora al cuerpo y este es sostenido por el organismo,
el individuo viviente.
El cuerpo está habitado por la palabra y ésta
habita el lenguaje.
Si Freud descubrió una estructura discontinua en el
cuerpo humano que llamó “anatomía fantasmática” del
sujeto, Lacan mostró como las pulsiones son un “corte
sobre el cuerpo”, corte que también lo es de las zonas
erógenas del cuerpo, este corte escribe sobre la superficie
del cuerpo una fragmentación que no es la fragmentación
de la imagen en el espejo. Estas marcas de fragmentación
localizan la función erótica en algunas zonas
y sólo esas.
Las pulsiones son el eco en el cuerpo
de que hay un decir, un decir como hecho.
Así asentados o al menos enunciados unos principios
básicos podremos afirmar que el sujeto – no ya el organismo – se
vuelve real sólo a partir de una operación simbólica
e imaginaria sobre el cuerpo. Así se hace Uno.
Mi intención hoy es estudiar si estos hechos que el
Psicoanálisis descubre y enseña tienen validez
en registros culturales y discursivos distintos de los nuestros
y, particularmente, en pueblos que carecen de escritura y que,
quizás por ello, llevan trazados en sus cuerpos su identidad
y su pertenencia al grupo, su estatus social y su poder, su
historia y sus hazañas, las inscripciones rituales sufridas
y la disponibilidad erótica. Me parece una manera más
de verificar que los hallazgos del Psicoanálisis no
son un delirio sino algo real, en cierto modo es poner el Psicoanálisis
a prueba con la Etnología moderna.
He escogido preferentemente
a los pueblos del África
subsahariana donde la pintura corporal y las escarificaciones
son un decir fundamental, pasajero en las pinturas en eventos
rituales significativos, permanentes las escarificaciones como
muestras activas de la vida del sujeto. También podemos
echar una ojeada sobre los habitantes de las Islas Marquesas,
es estos el tatuaje configuran una verdadera gramática
de la piel cargando el cuerpo de un significado que se va haciendo
más y más complejo a lo largo de la vida de un
sujeto, y que es único para cada uno.
Si Lacan considera
que el lenguaje que mortifica al cuerpo, a la vez, le otorga
lo que se ha venido a llamar un “órgano
suplementario”, incorporal al que llamamos la libido, los
maoríes,
paralelamente creían que con las espirales que les
tatuaban se podían atrapar la energía cósmica
y siguiendo unas verdaderas etapas del desarrollo libidinal – tampoco
aquí prefijado en estadíos sino único
para cada cual en su historia particular – Se comenzaba a
tatuar hacia los 8 años en un proceso lento y doloroso
que seguía haciéndose más complejo y
renovándose
toda la vida del sujeto. Es el estilo “moko” maorí de
Nueva Zelanda que identifica a cada individuo y hace de él
un sujeto único e inconfundible –mucho más
inconfundible que nuestros nombres y apellidos–. Cuanto
más complicado
es el diseño del tatuaje mayor era el ascenso en el
rango social.
Si la marca significante hace de nosotros,
pueblos con escritura, sujetos, en las Islas Marquesas “un
cuerpo sin tatuar es un cuerpo estúpido”, un cuerpo
sin nacer a lo humano. Si Lacan señala que es el cuerpo
transformado por el significante al que no dejamos que se
pudra y merece el homenaje de la sepultura, igualmente el
maorí que muere sin tatuar es tatuado
como cadáver para que el alma no quede ciega y alcance
su camino hacia la eternidad, de lo contrario sería
devorada perdiéndose como antepasado a venerar.
No parece
que quepa mucha duda en que podamos afirmar que el trabajo
significante del lenguaje para hacer un cuerpo se ejerce
aquí a través del tatuaje como inscripción,
como corte y marca materializada en la piel del sujeto no
indiferente a este trabajo de escritura.
Del lado de las pulsiones,
ese recorte significante de cuerpo que delimita las zonas
erógenas, su equivalencia está en
los tatuajes en torno a los dedos, orejas y órganos
sexuales en las mujeres maoríes, los hombres además
suman la nariz, la lengua y el cuero cabelludo. Encontramos
estas marcas más particularmente en las partes del
cuerpo que están en comunicación directa con
el Otro sexo, pero también en las zonas frontera entre
interior y exterior, las zonas periorificiales que están
cargadas en estas sociedades sin escritura de una angustia
particular (el horror a los bordes”, los orificios del cuerpo
son los puntos más vulnerables tanto para las agresiones
físicas
como las mágicas y la protección de esos lugares
en peligro justifica un tatuaje talismás. A veces
es también una marca de trasmisión, en los
Bambara –de
Mali– las escarificaciones en las encías y el labio
inferior de las mujeres deben trasmitir “un buen uso de la
palabra”. Los Bamilekes –de Camerún– marcan en garantía
de fertilidad la piel del vientre de las mujeres y el recién
nacido de una made Senufo –de Burkina Fasso– que haya abortado
anteriormente es marcado con dos trazos paralelos en los
muslos en signo de protección –estas marcas se hacen
habitualmente con espinas de árboles con propiedades
estupefacientes en su corteza, pero aún así el
dolor es considerable aunque la marca fuera solicitada y
reclamada en las situaciones descritas–.
Si los estoicos,
citados a menudo por Lacan, concebían
que todo, incluso el alma, los pensamientos y las ideas, era
cuerpo, los Nuba –de Sudán– añaden que para
que ese cuerpo sea humano debe estar rasurado y marcado, pues “hasta
el lenguaje fue un día compartido con los monos” y no
sirve para diferenciarlos de ellos, el hecho diferencial es
esa decoración permanente del cuerpo. Los Biafas –de
Camerún– afirman “todo hombre que no está tatuado
es similar a un mono o un cerdo”.
El incorporal que habiara
el cuerpo es un incorporal activo, el deseo, y así son
las escarificaciones que testimonian de un recorrido iniciático,
las sociedades secretas –que
aún hoy, ocupan un lugar importante en la vida social
tradicional africana– tienen sus ritos iniciáticos
de aprendizaje, en la sociedad Poro de los Senufo –de Costa
de Marfil, Burkina Fasso y Mali– consiste en tres grados
de 7 años cada uno y cada ritual tiene tres fases:
separación,
aislamiento y reunión. ¡Que parecido a la
constitución
del sujeto en psicoanálisis en la alienación
/ separación!
El ritual supone mucho sufrimiento, el
cuerpo es trabajado, modificado, muere para renacer con otra
identidad, ésta
adulta y sexuada, el cuerpo masculino es la puesta en escena
del poder y el cuerpo femenino es la puesta en escena de los
orígenes de la vida. En los hombres las marcas son en
la parte alta del cuerpo, en cara, pecho y hombros, en las
mujeres en senos, abdomen y muslos. Es una disciplina del deseo
a través de la mortificación del cuerpo, una
domesticación pulsional bien superior a la que Freud
hubiera soñado.
Si la “verdadera vida” –cf Lacan–, la vida
de la perennidad de la memoria humana, exige la mortificación
del significante, en estos otros humanos, no menos humanos,
es en el cuerpo marcado donde se juega ese anudamiento entre
inconsciente, lenguaje y goce.
Nunca se hizo más cierta la afirmación de “el
hablanteser habla con su cuerpo” mostrando que el cuerpo
tiene capacidades de goce que no son todas pulsionales.
El
inconsciente no se da sin relación al cuerpo y con
el cuerpo no se nace, es algo construido, secundario, esto
es lo que parecen decirnos estos cuerpos esculpidos por los
S 1 de su discurso. Naturalmente estas escarificaciones son
reproducidas en las estatuas de antepasados, fetiches de culto,
máscaras rituales y también en los objetos de
uso cotidiano no exentos de simbolismo.
Es el significante lo
que introduce el discurso en el organismo, el significante
introduce lo Uno. Así pues “el lenguaje
atribuye al ser hablante este cuerpo y se lo otorga unificándoselo” –cf.
Colette Soler–.
Tanto en el Psicoanálisis como en las “culturas
primeras” las
marcas, sutiles en unos explícitas en otros, inscriben
una doble connotación, por un lado pertenencia a un
conjunto social, por otro una identidad erótica. Efectivamente
el primer papel de la escarificación es señalar
al humano como ser social, a la vez diferente de los animales
y de los otros humanos que no pertenecen al mismo grupo.
Son vectores de comunicación y factores de integración.
La marca es la voluntad de aceptación de su propio
grupo. El conjunto de signos –el significante hace al signo–
hace la definición del grupo social, en los Senufos,
al sexto mes de vida tres incisiones en abanico de la comisura
de los labios hacia las orejas, en los Yoruba –de Nigeria– el
arañazo
de la patera Agazu que es un antepasado totémico,
en los Sombas –frontera de Dahomey con Togo– desde los
4 años
escarificaciones muy finas en toda la cara excepto en boca,
ojos y orejas –véanse los magníficos bronces
de Ifé–. Si el niño muriera antes de esta
ceremonia de intronización, no sería llorado,
sería
considerado como una persona no real, un simple espíritu
no destinado al mundo de los vivos.
Las escarificaciones,
además de la pertenencia, recuerdan
la historia del clan: un trazo horizontal bajo el párpado
izquierdo recuerda los Songhaie su antigua alianza con los
Zarma y 3 escarificaciones verticales tachadas por 3 horizontales
son el signo de nobleza de los vencidos que emigraron: “vivo
contigo pero no soy como tú”. Dentro de los Bambara,
los agricultores llevan su propia marca, 8 pequeñas
cicatrices que representan integridad y trabajo, valores que
han permitido a la tribu sobrevivir a pesar de sequías,
hambrunas y epidemias.
Vemos entonces como el significante primordial
inscribe la huella de una experiencia, de una historia que
deja su marca corporal. El cuerpo es lo que puede llevar
el rasgo que le ordena en una serie significante –cf Lacan
en Radiofonía–.
Estas marcas no son en la sola
superficie, son senderos del goce, pliegues erógenos en la sustancia gozante. Será la
cara escondida de la marca.
“El ser es un cuerpo…” –cf Lacan en Aun…-
como lugar del Otro significante. Goce del cuerpo propio o
del cuerpo del otro, eso es lo que se inscribe en la memoria
del inconsciente y sus efectos exceden lo que el sujeto puede
saber. Así también
la memoria en el cuerpo del hombre sin escritura es realizada
por un personaje – a menudo el herrero que, curiosamente,
es considerado poco honroso - que tiene el saber de los símbolos
y su función religiosa o guerrera, él distribuye
el potencial simbólico sin que el sujeto realmente
lo sepa, las más de las veces el marcado es ignorante
de la significación que lleva inscrita en la piel,
recuerden a Queequeg, el arponero maorí de Moby Dick
que noche tras noche graba a cuchillo en su ataúd
las mismas circunvoluciones que él lleva en cuerpo
y que, sin embargo, no puede dar ninguna cuenta de ellas,
solamente sabe que son la clave de su destino mortal.
Así el cuerpo no es solo significación
de valores colectivos, es un altar también, receptáculo
de fuerzas espirituales. Las razones de orden práctico
y simbólico están estrechamente entrelazadas.
Particularmente en el Congo –Chokwes, Songyes, Yakas, Tekes,
etc…– los signos marcados son considerados como ideogramas
que traducen los conceptos fundamentales de su sistema de
pensamiento y de creencias.
En el Seminario Aun… Lacan propone una
cohabitación
del cuerpo y lalengua –concepto que reúne el significante
como muerto en el lenguaje y el goce vivo en el cuerpo–.
Del cuerpo apto para ser marcado con su sustancia de goce.
Es el cuerpo el que permite al significante de lalengua convertirse
en signo de un sujeto, es con otras palabras lo que afirman
los Nuba. Además “los efectos de la lengua van mucho
más allá de lo que podemos saber”, de ahí a
afirmar que la memoria inconsciente está hecha de
lalengua no hay más que un paso que Lacan franquea
en este seminario. Hecho de lalengua aunque estructurado
como un lenguaje.
Dos pequeñas anécdotas a guisa de epílogo:
1.-
En los archivos de estado franceses faltaba el documento
que colocaba una gran parte del territorio del Níger
bajo protectorado francés, se sabía que el conde
de Brazza había concluido el tratado con el jefe indígena
Makoko pero no había original. Tras muchas búsquedas
concluyeron que el original del tratado podía consultarse
con el coronel Fournier, éste aún vivo residía
en la Provenza, se le requirió el tratado y este se
negó a enviarlo aunque no a enseñarlo, fue invitado
a Paris y el Presidente Lebrun le instó a no guardar
para sí un tratado de esta importancia, el viejo soldado,
riendo, se levantó la guerrera y mostró a todos
los presentes un tatuaje artístico y cabalístico
subrayado por una gran cicatriz. Esos signos misteriosos no
eran mas que el tratado original y la firma de Makoko. Había
sido escogido como portadocumentos por tener el brazo más
ancho de la expedición. Fournier prometió al
presidente que, a su muerte, legaría el brazo a la República
Francesa pero que no pensaba prescindir antes de él.
2.-
En una de las expediciones inglesas a las islas Marquesas
un pintor que iba encargado de dibujar los nuevos especimenes,
animales y vegetales que encontraran, pidió permiso
a un jefe maorí para dibujarlo, con el acuerdo de éste
lo dibujó cuidadosamente y sin duda certeramente a juzgar
por la precisión de los grabados de la época,
cuando el maorí vio su retrato se lo devolvió con
desprecio diciéndole que no había entendido nada
y con un trozo de madera dibujó rápidamente en
la arena los tatuajes que ornaban su rostro y señalándolos
dijo “éste si que soy yo”.
Y una conclusión maorí:
“Para aquellos que saben como leer los giros,
vueltas y espirales de las líneas de tinta, cuentan
una historia rica en logros personales y antepasados. Los dibujos
viejos de siglos convierten los cuerpos y caras de mujeres
y hombres en testamentos de identidad y ofrecen curación
espiritual. Leerlos es como llegar al pasado y a los antepasados
para que te aconsejen, llevarlo es la más alta protección
física
y espiritual”.
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Mesa
IV - El tratamiento del cuerpo en la sociedades multiculturales. |
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Algunas
preguntas a la clínica psicoanalítica
desde la sociología de la imagen del cuerpo
Helios
Prieto
En este trabajo me propongo hacer tan solo unas
reflexiones iniciales sobre como esta determinada la representación
de la imagen del cuerpo en las artes visuales por el evolución
de la sociedad y la tecnología y la relación que
esa representación hipotéticamente puede tener
con algunos problemas que se presentan en la clínica psicoanalítica.
Es imposible abarcar dentro de los límites
impuestos a esta reflexión inicial el conjunto de los
problemas que merecerían ser estudiados, de allí que
nuestro punto de partida será escoger los problemas que
se nos presentan como más determinantes. Eso nos obligará de
entrada a hacer un corte histórico que excluirá el
estudio de la representación del cuerpo en las artes antes
de la revolución industrial. A esta exclusión diacrónica
se agregarán otras de carácter sincrónico
ya que quedarán fuera de nuestra reflexión algunas
tendencias artísticas que quizás merecerían
entrar en ella y que no excluimos incorporar más adelante.
Quizás ningún sitio sea más
apropiado para hablar del lugar que ocupan las imágenes
en la constitución de nuestro ser que una reunión
de psicoanalistas, puesto que desde que fue fundado con la publicación
de la “Interpretación de los sueños” el psicoanálisis
se ha ocupado de estudiar cómo las imágenes nos
hablan, qué nos dicen, especialmente aquellas que nos
inquietan con su lenguaje visual en nuestros sueños. Por
eso uno se siente especialmente cómodo en una reunión
como esta, ya que estamos rodeados por un mundo real en el que
la proliferación de las imágenes virtuales producidas,
reproducidas y difundidas por nuevas tecnologías, nos
han sobresaturado de imágenes y las han vuelto sospechosas
de falsedad.
Al abordar la imagen del cuerpo desde el análisis
de su representación en el arte debemos tener en cuenta
que el cuerpo natural siempre ha sido un medio para representar
por medio de su imagen tanto a una persona mortal como a un rango
social inmortal. Este segundo aspecto proviene de una relación
refleja que ya fue certeramente analizada por Marx cuando señaló que “este
hombre, por ejemplo, es rey porque los otros hombres se comportan
ante él como súbditos; éstos creen, al revés,
que son súbditos porque él es rey”. Es decir, se
ponen en la posición de súbditos ante su imagen
real. Podríamos hacer extensivo este ejemplo a cualquier
otra relación social en la que el cuerpo natural de alguien
ocupe para otro el lugar de un estatus o rango. Por lo tanto
en la imagen representada por cualquier medio artístico
o técnico hay una doble representación: la de la
imagen representante y la de la imagen representada y la imagen
que representa a un cuerpo vivo es traspasada por aquellos medios
a una imagen virtual, lo que en los antiguos rituales funerarios
eran las effigies que ocupaban el lugar de la persona –generalmente “importante”–
desaparecida.
Una imagen tiene su verdadero sentido al representar
a alguien que está ausente, hace que aparezca algo que
no está en la imagen, que solo puede aparecer, manifestarse
en su apariencia en la imagen. Desde que Hegel señaló que
la apariencia era el aparecer de la esencia debemos tratar con
cuidado estas relaciones. La imagen representante es siempre
la representación de la imagen de una ausencia; por lo
que la imagen de un muerto lejos de ser una anomalía apunta
al sentido más arcaico que dio origen a la representación
de la figura humana en una imagen, por la que los deudos intercambian
la imagen corporal perdida de la persona difunta. De allí que
Freud afirmara que “no es posible dar muerte a algo in
absentia o in effigie”, simplemente porque
cuando está in effigie, ya está muerto… Para
que esté viva y se pueda darle muerte, será necesario
que esa imagen virtual-social sea incorporada –y así dotada
de vida– por el sujeto mediante las identificaciones que se superponen
a la identificación matriz u originaria.
Las representaciones del cuerpo humano muestran
cuerpos, pero representan personas, son una metáfora del
ser humano, por eso damos por presupuesto aquí que nuestro
punto de partida es válido porque si los cuerpos son representados
virtualmente de una manera determinada es porque esas imágenes
encarnan una idea vigente del ser humano en un lugar y en una época
dados. Son al menos un prerrequisito social necesario para que
la identificación que las convierta en un aquí y
ahora presente, tenga lugar.
El descubrimiento de la fotografía –una
técnica que rápidamente se convirtió en
un arte– torno obsoletas las formas figurativas de representación
tanto en la pintura como en la escultura. En Occidente, la gente
del siglo XIX –los contemporáneos de Freud– veían
la desnudez como algo perturbador. La imagen del cuerpo humano
se limitaba básicamente a las manos y a la cara dado que
la vestimenta ocultaba el resto. Entonces hizo irrupción
a través de la fotografía antropológica
toda la carnalidad del cuerpo humano.
El nacimiento de la antropología
como disciplina científica fue contemporáneo
al de la fotografía y le prestó a la hipocresía
de la moral victoriana un pretexto para la presentación
de los cuerpos desnudos, principalmente de mujeres exóticas,
en actitudes y en composiciones que iban desde una presentación
ligeramente erótica, pasando por la fantasías
poligámicas del civilizado hombre occidental hasta
llegar a la manifestación más abierta de
sus impulsos sádicos de apoderamiento y dominación.
Estas mujeres exóticas fueron las primeras modelos
de los fotógrafos en una época en la todavía
el mercado no había creado la lucrativa profesión
de modelo para las mujeres blancas occidentales. Sería
interesante investigar en qué medida pervive en
el inconsciente del hombre de nuestra época esa
imagen de la mujer como objeto sexual múltiple
y sometido. Algunos productos de la publicidad de nuestra época
nos permiten sospechar que es así en alto grado
y en al menos un número suficiente de sujetos
como para considerarlos un segmento de mercado al que
se dirige esa forma de publicidad.
Un pintor de esa época –finales
del siglo XIX principios del XX– trabajó en esa
temática que había hecho tan popular la
fotografía “etnográfica” pero lo hizo rompiendo
con el canon figurativo. Me refiero a Paul Gauguin que
si bien tomó los mismos modelos que aquellos fotógrafos,
los trató desde su propia subjetividad. Para Gauguin
el simbolismo es la objetivación de su mundo subjetivo.
Así vemos que una pintura como Nave nave mahana o
Los días deliciosos de 1896, presenta como
la fotografía
de mujeres eritreas tomada en 1885 un grupo de modelos “exóticas”,
pero rechazando todo naturalismo elude la carga erótica
ya que presentando a las mujeres como las figuras de
un friso, representa la belleza en una forma más
sublimada. Gauguin no fue el único, también
Henri Matisse abordó el tema en Deux négresses en
1907, utilizando como modelos las fotografías
de dos mujeres tuaregs. Matisse presenta aquí las
dos mujeres vistas desde ángulos diferentes como
si fueran la misma imagen desdoblada, cosa que no habría
podido hacer si las hubiera pintado. Al rechazar el modelo
clásico y construir una escultura a partir de
una fotografía pero creando una obra en tres dimensiones,
Matisse opera una ruptura con la forma de ver el objeto
de la tradicional pintura figurativa.
En la misma época Sigmund Freud
estaba produciendo una ruptura epistemológica
con la forma de entender la relación sujeto – objeto
que había prevalecido en la filosofía occidental.
Si bien en un registro puramente simbólico, Kant
primero con su “cosa en sí” y Hegel después
con su distinción entre realität como
realidad inmediata y wirklichket como realidad
pensada, habían avanzado un sesgo en la manera
de pensar el objeto, Freud da un paso mucho más
audaz al centrar su estudio en el objeto interior, subjetivado,
introyectado, llevándolo hasta la instancia inconsciente
del aparato psíquico.
Podemos pensar que si la manera en que
en las postrimerías del siglo XIX el arte comienza
a ver su objeto coincide con esta nueva manera freudiana
de concebir la objetividad como parte constituyente de
la subjetividad, es porque ambas son una consecuencia
de los cambios sociales y culturales de la época.
Sin duda lo son, pero estos objetos internos del paciente
freudiano o del artista, al objetivarse (otra vez nos
encontramos aquí con lo que Hegel había
anticipado con su idealismo objetivo) crean a su vez
nuevas condiciones para el desarrollo de nuevas subjetividades.
Nacemos en un mundo de símbolos
y de imágenes –muchas de las cuales tienen, a
su vez, un registro simbólico– que nos preexisten
y nos determinan. Entran en la retorta de nuestra subjetividad
y de ella salen como nuevos productos simbólicos
e imaginarios que nos modifican y que crean las condiciones
de desarrollo de las nuevas generaciones humanas.
En los inicios del desarrollo de la circulación
mercantil se había producido la necesidad del
atesoramiento que Marx llamará “atesoramiento
ingenuo” porque en lugar de valorizar el capital dinerario
lo substraía de la circulación. Esta época,
como hemos avanzado al comienzo, cae fuera de nuestro
objeto de estudio. Sin embargo es necesario señalar
aquí dado que eso ha cambiado mucho en nuestra época,
que la iconografía que produzco fue la del capitalista
orondo que ostentaba una gran cadena de oro en la barriga
que se enfrentaba a la del obrero famélico. Por
entonces la imagen humana ideal para enfrentar las épocas
de escasez era la de una figura opulenta asociada con
la riqueza, como de manera un tanto tardía lo
reflejaron los dibujos de George Grosz. Un tanto tardía
porque como vemos en las imágenes la figura del
capitalista ya esta asociada aquí con la industria,
va más allá de la circulación mercantil
y, por otra parte, ya está cargada de una simbología
fálica tributaria del freudismo. Pero no se trata
sólo de la iconografía satírica,
piénsese en las mujeres que pintaba Rubens en
el siglo de oro del capitalismo comercial holandés
o en la fotografía erótica de fines del
siglo XIX. Ambas tomaron como modelo de belleza la generosidad
en las carnes. Hoy, esta imagen del cuerpo obeso se resiste
a desaparecer en los amplios sectores sociales más
vulnerables ante una amenaza de escasez o a los que les
resulta más accesible el goce oral que otras formas
de goce, pese a que los ideales que difunden el arte
y la publicidad se han trastocado en su opuesto.
El desarrollo de la manufactura industrial
tuvo como requisito la amputación de las habilidades
y destrezas del artesano para acoplarlo en tanto individuo
así amputado, como una pieza funcional integrada
en el obrero colectivo. Quizás nadie supo representar
la imagen del hombre sin atributos, producto y a la vez
sostén de la sociedad industrial de masas, como
Auguste Rodin en su L'homme qui marche de 1899.
Vemos aquí un torso sin cabeza, ni brazos, ni
genitales, privado de todos sus atributos, pero que sin
embargo sólidamente implantado sobre sus dos piernas
marcha enérgicamente en la dirección que
la marca ¿quién? El hombre que camina de
Rodin precedió en apenas un par de décadas
al hombre sin atributos de la novela de Musil, Ulrich,
un matemático que fracasa en su intento de llegar
a ser un hombre fuera de lo común por el camino
de la técnica y que permanecerá entonces
en su ausencia de atributos. Este hombre producido por
el modo de producción capitalista y, repito: a
la vez sostén de él, perpetúa el
estado de desamparo con el que venimos al mundo porque
a diferencia del artesano o del campesino propietarios
de sus medios de trabajo que podían producir por
sí mismos sus condiciones de existencia, ya no
podrá trabajar fuera de la cadena del obrero colectivo
y, cuando es excluido de éste, si tiene suerte
de ser ciudadano de un país desarrollado, pasará a
depender de los subsidios del Estado ¿Hay acaso
alguna clínica posible para ese hombre amputado,
sin atributos? O más precisamente: cuando ese
hombre amputado se cae o es expulsado de la cadena de
producción en la que está inserto ¿cómo
restituirlo a una cadena significante que restablezca
su lazo social deshecho?
La otra manera en que el arte de la época
representó la figura del sujeto carente de significación
fuera del obrero colectivo, fue destacando sus atributos
de mera fuerza física de trabajo hasta el punto
de ignorar la dimensión simbólica de su
mirada o la expresión humana de su rostro, que
es el lugar en que en las effigies se representa
virtualmente el alma o alguno de sus rasgos. En los modelos
masculinos de los fotógrafos de esa época
de la acumulación capitalista predominó aquel
tipo de presentación como la que muestra ese Hombre
caminando de Étienn-Jules Marey de 1890-1891,
que aunque a diferencia del de Rodin no está amputado
sí esta ciego, es decir, doblemente castrado –aunque
sí cronometrado como todo obrero en la cadena
de producción- , ya que su pierna derecha avanzando
con determinación en la marcha oculta sus atributos
masculinos. En la pintura, incluso o aún más
en la que se hacía con motivos panegiristas, encontramos
el mismo tipo de representación. Creo que para
ejemplos bastarán los cuadros de Diego Rivera
en los que musculosos obreros carentes de mirada son
tomados en su conjunto. En este mural sólo dos
obreros se muestran de frente y ninguno de ellos nos
mira. Uno de ellos desvía su mirada a la izquierda
del cuadro mientras que el otro, el que a su vez está ubicado
en el margen derecho, tiene sus ojos ocultos por el cristal
blanco de unas gafas. O de un pintor quizás menos
conocido, el argentino Ricardo Carpani que perteneció a
un movimiento obrerista y que cuando representó al
obrero aislado lo hizo rehuyendo su mirada, es decir
la ventana por la que podía representar el reflejo
de su alma. Este real que no cesa de no mostrarse ¿no
presenta acaso un interrogante a la clínica psicoanalítica?
La existencia de toda una clase de seres humanos que,
al menos en la representación analógica
que han hecho de ellos los artistas aunque no sólo
allí, tienen dificultades para expresarse en el
registro simbólico ¿no muestra un límite
social a la aplicación de la cura de palabra?
El siglo XX fue, entre otras cosas, el
siglo de la guerra mecánica (en el sentido dado
por Jünger) que, en consecuencia provocó una
mayor cantidad de muertos y mutilados que cualquier otro
siglo de la historia humana. Esa experiencia no podía
no dejar su marca en nuestra subjetividad, aunque esa
marca permaneciera como sucede con todas las marcas importantes,
más oculta que manifiesta. La Gran Guerra motivó,
a la par de su experiencia clínica, que Freud
revisara su teoría de los instintos y admitiera,
muy a pesar de sus resistencias, la existencia de una
pulsión de muerte en los seres humanos; una faceta,
la contraria, de la pulsión sexual. Sin embargo,
o quizás sería más apropiado decir
que debido a ello, ante tanto horror, la imagen de la
muerte en el arte corrió un destino parecido al
de la pulsión de muerte en los postfreudianos:
pasó a un discreto segundo lugar. La imagen de
la muerte, o de los muertos, o de sus transubstansaciones
celestiales, había sido abrumadoramente predominante
en toda la historia de la pintura occidental, al menos
desde la difusión del cristianismo. Desde fines
del siglo XIX hasta el presente ha sido uno de los temas
menos representados en todas las artes de la imagen.
Si exceptuamos a la escultura funeraria –que, por otra
parte, también ha perdido terreno en nuestros
cementerios que cada vez se parecen más a nuestros
hacinados barrios de las periferias urbanas– son una
minoría los artistas que se han dedicado en los últimos
dos siglos a representar imágenes relacionadas
con la muerte. Se necesitó un espíritu
militante como el de Jean Fautrier –detenido en 1943
por la Gestapo– para enfrentarse a los horrores de la
muerte en los campos, o el retorno de lo reprimido que
le impuso a Zoran Music, veinte y cinco años después
de ser liberado de Dachau, a ocuparse de la muerte en
su serie No somos los últimos. Tan solo
esas experiencias directas impusieron el tema de la pulsión
de muerte en la obra de esos artistas, mientras que la
mayoría de los creadores, como la sociedad en
la que viven, le dieron la espalda. Esta negación
de la muerte ¿no estará en la base de la
manía metonímica con que los hombres y
las mujeres de nuestra época se dedican “alegremente” al
consumo y la acumulación? Si es así ¿cómo
abordarla en la clínica? Nunca la humanidad estuvo
amenazada por mayores peligros y, sin embargo, nunca
hemos parecido menos preparados para enfrentar ese “momento
supremo de la verdad” en el que tanto pensaron los filósofos
en la antigüedad. Hoy somos unos seres que, como
señaló Lacan en alguna parte, enfrentados
a la verdad de nuestro destino en la putrefacción
no somos capaces de otra cosa que sumergirnos en la más
profunda melancolía o intentar banales escapatorias
como las de Tomasz Pilatek el personaje de la película La
Espiral de Krzysztof Zanussi.
Pero en una época que dejó muchos
millones de muertos despedazados por los instrumentos
de guerra y muchos más millones de mutilados en
Europa, ya no se podía representar –al menos exclusivamente
así- al cuerpo humano siguiendo el canon áureo ¿Cómo
no pensar que alguna relación tiene que existir
entre el despedazamiento de los cuerpos reales que produjeron
las dos guerras y la preferencia de los artistas por
una representación fragmentaria o reconstruida
de la imagen del cuerpo humano? Aunque la representación
pictórica del cuerpo humano experimentó esa
fragmentación y reconstrucción incluso
en obras que precedieron a la Gran Guerra, no llegó a
tener las características del arte de entre y
post guerra. Por ejemplo el desnudo que presentó Frantisek
Kupka en el Salon d'Automne de 1911 si bien no
rompe con la representación de la figura humana
como una gestalt , es el resultado de muchos años
de trabajo sobre las formas geométricas y la descomposición
de los planos en el cuerpo humano. En el caso de Kupka
esta forma de trabajar parece que debe más a las
nuevas tecnologías, ya que estaba interesado en
la electromagnética y los rayos X, que a las consecuencias
de las grandes masacres. Sin embargo prepara para lo
que vino poco después. Más allá del
cubismo analítico y del cubismo sintético
en los que el juego de despedazamiento y reconstrucción
es obvio, todo el arte del siglo XX parece animado por
la pasión por representar al cuerpo de forma fragmentada,
como si de una regresión a las primeras sensaciones
de fractura y despedazamiento del infans se tratara.
Quien expresa con más claridad la base pulsional
de esta regresión es Antonio Saura, el autor de Nu-paysage de
1960 que explica su obra de la siguiente manera: “No
puedo concebir el amor y la crueldad si no es como conceptos
indisolubles. Para mí, la contradicción
es lo fundamental. En mi pintura está presente
dicha contradicción, amor-destrucción” Y
aún agrega: “una gran libertad, para con la historia
y el presente”, lo que nos autoriza a imaginar que la
valla que vemos detrás de la figura femenina despedazada
hace referencia al mundo de los campos.
Este tratamiento fragmentario de la imagen
del cuerpo humano, llevó a algunos artistas a
destacar en su composición la representación
de los objetos a, aún cuando su propósito
fuera otro. Veamos sino cómo destaca Richard Linder
en su desnudo de 1947 los objetos a del
cuerpo femenino aunque su propósito declarado
era destacar la gramática rigurosa de corsés,
lazos, ligueros y toda la clase de ropa interior que
articula la desnudez del cuerpo femenino. Parece ser
que estos fragmentos del cuerpo humano representados
en nuestro arte cumplen la misma función que los
objetos a en los sujetos contemporáneos:
obturan la falta en el ser de nuestra civilización
impidiendo ver el enorme agujero que esta en su esencia.
Hay un artista nuestro, catalán,
me refiero a Joan Miró, que supo plasmar en su
obra pictórica la problemática contemporánea
de la relación entre los sexos. Me limitaré aquí a
presentar tan sólo dos cuadros que lo demuestran.
El primero de ellos es Femme se revoltant una
acuarela realizada en 1938. Cuarenta años más
tarde, Miró le dijo a Lluis Permanyer refiriéndose
a su obra de esa época: “Inconscientemente vivía
la atmósfera de malestar característica
de cuando tiene que fatalmente pasar algo grave (…) Presentía
una catástrofe y no sabía cual; fueron
las guerras civil española y la mundial”. No podemos
saber lo que estaba pensando Miró cuando hizo éste
cuadro, pero sí podemos ver lo que realmente pintó:
la imposibilidad de la relación sexual. Indepen-dientemente
del significado político que haya pretendido darle
al hecho de que la mujer empuñe una hoz en una
mano y un martillo en la otra, lo cierto es que puso
una mancha de sangre como una barrera infranqueable entre
los dos personajes y una hoz no es nada más que
una hoz, igual que un martillo es sólo un martillo.
Si a algo amenaza la hoz es al falo erecto del hombre.
El otro es un dibujo de 1937, Femme
nue montant l'escalier. En él vemos a
una mujer con una dentadura de ave carroñera
acorde con su ojo que parece el de un pájaro
de presa y una enorme nariz-falo que lleva pesadamente,
puesto que de ella pende un objeto. Destaca su sexo,
que asemeja la cicatriz de una castración. En
la mano izquierda lleva unos objetos muy difíciles
de identificar pero que bien pueden ser pequeños
huesos, despojos de cadáveres. Su mano derecha
se extiende hacia una escalera, objeto mágico
que en los cuadros de Miró –en el anterior está detrás
de la figura femenina– permite alcanzar el cielo. Esta
horrible mujer depredadora que está en disposición
de ascender al cielo ¿a quién amenaza
si no al hombre como ser genérico? Esta obra
señala que en nuestra civilización no
sólo el padre está cuestionado, si no
que también lo está la madre. El cambio
de la posición de la mujer en la sociedad que
ha provocado su paso de la esfera doméstica
a la del trabajo asalariado, no sólo ha traído
como consecuencia el cuestionamiento del poder patriarcal
si no que también cuestiona a la función
materna. En la mayor parte de las sociedades capitalistas
más desarrolladas la tasa de nacimientos no
alcanza a reponer la de defunciones y en las que lo
hace, se debe a las inmigrantes, lo que constituye
una solución transitoria puesto que es de prever
que las generaciones siguientes de mujeres reproducirán
las pautas de la sociedad en que nacieron, no las de
sus madres. ¿Qué impacto tiene sobre
el sufrimiento subjetivo, cómo se manifiesta
en la clínica y cómo puede teorizarse
esta caída del nombre de la madre que pone en
cuestión nuestra reproducción como especie?
Hoy, la mayor parte de los países
capitalistas más avanzados tienen una economía
basada en el conocimiento en la cual la producción,
distribución y uso del conocimiento constituyen
el motor principal del crecimiento económico y
de la creación de riqueza y empleo en todos los
sectores. Por lo tanto no se trata simplemente de una “nueva
economía” o una “economía de la información” independiente
y anexa al resto de sectores, sino que todos los sectores –primario,
secundario y terciario– son intensivos en conocimiento.
Sobre la base de esa economía se está edificando
una sociedad de producción y de circulación
de símbolos y de signos. En ésta fase de
la sociedad capitalista el factor esencial para desarrollar
la economía es el conocimiento vivo o el saber
acumulado en la población, pasa por lo tanto a
un segundo plano la fuerza física de trabajo lo
que abre nuevos campos de empleo asalariado para las
mujeres y, adonde no lo impide la ley, los niños.
Esta nueva fase de desarrollo del capitalismo esta teniendo –como
no podía ser de otra manera– un impacto en la
imagen social del cuerpo humano. El cuerpo musculoso,
resistente, grueso, apto para los más pesados
trabajos en la fábrica, el campo, el mar o la
mina que idealizó la fotografía en las
imágenes que difundía cuando la acumulación
de capital se centralizaba en la industria, ha desaparecido
para ser substituido por cuerpos delgados, trabajados
en el gimnasio que, como veremos enseguida, pueden tener
una significación muy diferente.
Se han hecho multitud de interpretaciones
de la obra de Alberto Giacometti, ya que él en
alguna medida las provocó al decir en 1959: “me
pregunta cuáles son mis intenciones artísticas
respecto a la imaginería humana y lo cierto es
que no se como responder a esa pregunta; desde siempre
la escultura, la pintura o el dibujo han sido para mí medios
para darme cuenta de mi visión del mundo exterior
y, sobre todo, del rostro y del conjunto del ser humano”. Sus
esculturas parecen anunciar el advenimiento de una especie
humana “desencarnada” en las que algunos contemporáneos
suyos creyeron ver un feliz mundo futuro de seres espirituales
pero en las que hoy podemos ver la profecía del
ideal de la figura anoréxica en una sociedad que
puede prescindir de la fuerza física como factor
de producción. Lo cierto es que en la sociedad
del conocimiento lo que parece prevalecer es la desaparición
de los cuerpos –término de resonancias siniestras
sobre todo para quienes tuvieron y tienen que padecerla
como una práctica sistemática de los funcionarios
del Estado-. En el arte de nuestros días los cuerpos
o bien son indiscernibles del entramado o la red -¡vaya
significante de actualidad!- que los oculta. Véase
si no, por ejemplo, la obra de François Ruan de
2007 Culebras-Modello . O una figura sin cabeza
de extrema delgadez como la del Arch of Hysteria de
1993 de Louise Bourgeois. En este artista el cuerpo delgado
y la cabeza ausente van cada uno por su lado, ya que,
como a los que experimentan con ranas en el laboratorio,
no le interesa la mente sino “el sistema nervioso que
constituye para ella el vínculo entre lo psíquico
y lo físico, la red emocional y afectiva esencial
del cuerpo humano”. La mente ha sido cedida aquí como
factor de producción y el artista se ocupa del
cuerpo como supuesta sede de lo emocional. El extremo
de esta difuminación de los cuerpos en la pintura
es la obra de Yves Klein creada utilizando el cuerpo
impregnado en pigmento de una modelo como si fuera un
rodillo que se arrastra sobre un papel encolado en una
tela y colocado en el suelo. Así la imagen representa
el rastro de una figura que ha pasado por allí pero
que está definitivamente ausente, que pertenece
a un mundo que está más allá de
la realidad. Esta técnica que se presenta como
tan novedosa ¿no es acaso la que dio lugar al “santo
sudario” de Turín? La diferencia está en
que mientras éste ha ejercido y ejerce fascinación
sobre los creyentes porque pretende ser la impresión
que ha dejado un cuerpo adorado para el cual no existe
tumba alguna, las imágenes de Klein representan,
si es que algo representan, la futilidad del cuerpo humano
en una sociedad en que es sólo el soporte inevitable
de la producción de plusvalor. En fin ¿Qué más
podemos decir respecto a estas formas de arte moderno?
ya en 1956 Dalí llamó a estos “artistas” y,
sobre todo a sus promotores Les cocus du vieil art
moderne. La cuestión que plantea la representación
del cuerpo humano evanescente propia de nuestra época
es su incidencia en los trastornos alimentarios y es
una de las más tratadas en la clínica psicoanalítica;
aquí tan solo hemos intentado presentar una hipótesis
sobre su razón de ser social.
Una vez implantado el sistema de maquinaria
y la gran industria, a medida que gracias a la aplicación
del conocimiento a la producción aumenta la capacidad
productiva del trabajo y, por consiguiente, el volumen
de la riqueza destinada a satisfacer las necesidades
materiales, se crea la base para el crecimiento proporcionalmente
mayor de los trabajadores destinados a producir servicios
sobre los trabajadores de la industria. A la vez, el
aumento de la escala de la producción incrementa
las necesidades de administración de las empresas,
el comercio, las finanzas y la vigilancia y seguridad
de la propiedad. Por último, también crecen
las necesidades provenientes del espíritu o de
la fantasía, que requieren productos intangibles
o la incorporación de dimensiones conceptuales
y estéticas a los tangibles. Históricamente,
desde los inicios del capitalismo las tasas de crecimiento
de los trabajadores empleados en el sector servicios
han superado las del sector industrial y el agrícola,
que, de hecho, no hace más que disminuir. Este
proceso se ha desarrollado en un continuo apenas interrumpido
por los grandes dispendios de las crisis y las guerras
mundiales. En todos los países industriales desarrollados
los trabajadores del sector servicios superan hoy el
50% y los dedicados a la agricultura no llegan al 5%.
Por consiguiente, la tendencia permanente ha sido también
la de un incremento de la producción de bienes
intangibles sobre los tangibles. Cuando se llega a este
punto se ha creado un mercado para nuevos servicios que
satisfagan las fantasías humanas; para este mercado
se ha creado un oferta de productos y servicios para
la construcción del cuerpo perfecto.
El psicólogo Robert D. Romanyshyn
dijo ya en 1989: “vivimos en el mundo con otros como
los cuerpos pantomímicos que somos y no como los
cuerpos anatómicos que poseemos”. Intentaba así indicar
que el cuerpo hoy, es una “invención cultural” y
pienso que, hoy más que nunca efectivamente lo
es. La técnica ha colonizado a nuestro cuerpo
y lo ha convertido, de un modo posiblemente irreversible,
en un objeto a reconstruir o a construir por medio de
una multitud de productos y de servicios que se ofrecen
en el mercado. Queda muy atrás el tiempo en el
que se iba al sastre para hacerse un traje a medida que
se adaptara mejor a las peculiaridades de nuestro cuerpo
y ese tiempo en el que Freud podía decir sin necesidad
de ningún comentario aclaratorio que un paciente
que practicaba largas caminatas lo hacía “porque
estaba obsesionado con su exceso de peso”. La cirugía
plástica ofrece a las personas de clase media
la promesa de hacerles un cuerpo que responda al ideal
de juventud y de belleza que prescribe su propia publicidad.
La medicina deportiva y la biología aplicada a
la alimentación prometen un cuerpo que supera
los límites conocidos del cuerpo humano, promesa
a la que han sucumbido y sucumben muchos deportistas
de elite y que tiene un efecto de arrastre sobre las
multitudes que acuden a los gimnasios. Millones de cuerpos
de personas de clase media y alta son sometidos un entrenamiento
de optimización en los gimnasios. Las revistas
especializadas en el tema prometen que mediante un culto
del cuerpo o del fisico-culturismo es posible obtener
un cuerpo perfecto como el de las imágenes de
personas bellas y famosas que usan para hacer publicidad.
Pero este culto comercial al cuerpo es
la otra cara de la desaparición del cuerpo de
la que hemos hablado antes. Nos cuesta mucho aprender
de la experiencia pese a tener antecedentes muy claros.
El régimen nazi practicó un culto al cuerpo
del cual dan testimonio las imágenes que Leni
Riefensthal creó para publicitar las olimpíadas
de 1938. Pudieron convertir así al cuerpo “ario” en
la imagen opuesta al cuerpo semita que muy pocos años
más tarde exterminaban en los campos. No quiero
ni tan siquiera sugerir que esa historia volverá a
repetirse. Pero lo que me parece que hay que comprender
aquí es que toda imagen idealizada del cuerpo
tiene como contracara la depreciación, la minusvaloración
de la imagen del cuerpo real. Marx empleo varias veces
en El Capital la enigmática expresión “la
raza de los obreros”. Esa expresión ya no resulta
tan enigmática si pensamos que hoy el mercado
pone al alcance de las clases medias y altas recursos
para construirse un cuerpo que se asemeje al ideal que
propone la publicidad mientras que el resto de la población
no tiene ni los medios económicos ni el tiempo
libre necesario para dedicarse a ese “culto al cuerpo”.
Estamos configurando en el capitalismo desarrollado una
sociedad en el que la pertenencia a dos grandes sectores
sociales se va manifestando en el andar de nuestros cuerpos
por la calle, es como si dos “razas” diferentes –en el
sentido marxiano– se estuvieran generando.
Peter Drucker, ese teórico del
capitalismo, supo ver que el hecho de “que un número
substancial y creciente de personas con antecedentes
de clase trabajadora reciba formación suficiente
para convertirse en «trabajadores del conocimiento»,
sólo empeorará las cosas para los que no
lo hagan. Los poco formados irán siendo vistos
progresivamente por sus compañeros que han alcanzado
el éxito, aunque éstos sean, como los negros
americanos instruidos, miembros de un grupo en situación
de desventaja, como «fracasados» , como «extraños» e
incluso «deficientes» , como «ciudadanos
de segunda clase» y «problemáticos» y,
en definitiva, como «inferiores». No es
un problema de dinero. Es la dignidad.” La trascendencia
que tiene esta división social en la imagen real
del cuerpo de las personas, es el aspecto que puede afectar
más directamente que ningún otro esa dignidad.
Por eso debemos preguntarnos qué tipo de abordaje
clínico puede restituir la dignidad afectada al
menos a las pocas personas que acuden al encuentro con
un psicoanalista. |

Mujeres zulúes

Esclave atachée
Tunicia 1900

Gaugin
Nave nave mahana

Henri Matisse
Deux négresses
1907-1908

George Grosz
Einheitsfront

Rodin
L'homme qui marche
1899

Étienn-Jules
Marey
Hombre caminando
1890-1891

Diego Rivera

Zoran Music
No somos los últimos

Antonio Saura
Nu-paysage

Joan Miró
Femme se revoltant
1938

Joan Miró
Femme nue montant l'escalier
1937

Alberto Giacometti
Grand femme III
1959

Yves Klein
Helena
1960

Santo sudario
Turín

Helmuth Newton

Leni Riefensthal Los dioses del estadio 1938

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